Muerte de Daniel Prude: un hombre negro desnudo que fue asfixiado por la policía después de que le pusieran una capucha

Han surgido nuevos detalles impactantes sobre la muerte a manos de la policía de un hombre negro llamado Daniel Prude en Rochester, Nueva York, en marzo.

El video publicado por su familia muestra que Prude murió por asfixia después de que los agentes lo esposaran, lo encapucharan y luego apretaran su rostro contra el piso frío durante dos minutos apoyándole la rodilla en la espalda para inmovilizarlo.

Prude estaba desnudo y desarmado. Murió siete días después.

El encuentro con la policía comenzó cuando el hermano de Prude llamó al 911 pidiendo ayuda porque su hermano actuaba de forma extraña.

El miércoles, tres activistas de Black Lives Matter (Las vidas negras importan) fueron arrestados durante una protesta por la muerte de Prude. La familia de la víctima pide que se despida a los agentes involucrados y que se recorten los fondos al Departamento de Policía de Rochester.

Fuente: https://www.democracynow.org/

Más que Palabras

Un grupo de veinte subsecretarios generales de las Naciones Unidas han puesto sus nombres en una declaración personal y contundente en la que expresan su indignación por el racismo generalizado y sistémico, destacando la necesidad de “ir más allá” de las palabras y “hacer algo más” que ofrecer una condena.

Funcionarios* de alto nivel de las Naciones Unidas, africanos o de origen africano, reflexionan colectivamente en esta declaración acerca de las protestas del movimiento Black Lives Matter y otras manifestaciones masivas que se desarrollan en los Estados Unidos en contra del racismo sistémico y la brutalidad policial: 

Una añoranza desesperada por una madre que partió hace tiempo. Implorando desde las entrañas más profundas de la frágil humanidad. Respirando con dificultad. Suplicando compasión. El mundo entero escuchó el trágico lamento. La familia de las naciones vio su rostro estrellado contra el rígido pavimento. Un dolor insoportable a plena luz del día. Un cuello aprisionado debajo de la rodilla y el peso de la historia. Un gigante apacible, aferrándose a la vida con desesperación. Anhelando poder respirar libremente. Hasta su último suspiro.

Como líderes de alto nivel de las Naciones Unidas de descendencia africana, las últimas semanas de protestas por el asesinato de George Floyd a manos de la policía nos han llenado a todos de indignación por la injusticia del racismo que continúa siendo generalizado en nuestro país anfitrión y en el mundo entero. 

Jamás serán suficientes las palabras para describir el profundo trauma y el sufrimiento intergeneracional resultantes de la injusticia racial perpetrada a lo largo de siglos, particularmente en contra de las personas afrodescendientes. La mera condena de las expresiones y actos de racismo no basta.

Debemos hacer más

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que “necesitamos alzar la voz en contra de todas las expresiones de racismo y todos los casos de comportamiento racista”. Después del asesinato de George Floyd, la consigna Black Lives Matter, -que se traduce literalmente como la vida de personas negras importa-, resuena en los Estados Unidos y el mundo entero, y es más que un lema. De hecho, no sólo importa, son fundamentales para el logro de nuestra dignidad humana común.  

Ha llegado el momento de pasar de las palabras a la acción. 

Nuestra deuda con George Floyd y todas las víctimas de discriminación racial y brutalidad policial es desmantelar las instituciones racistas. Como líderes del sistema multilateral, estamos convencidos de que nos corresponde hablar en nombre de aquellas personas cuyas voces han sido silenciadas, además de promover respuestas eficaces que contribuyan a combatir el racismo sistémico, un flagelo mundial que se ha perpetuado por espacio de siglos.  

El estremecedor asesinato de George Floyd tiene sus raíces en una serie de cuestiones más amplias y recalcitrantes que no desaparecerán si las ignoramos.  Es momento de que la Organización de las Naciones Unidas intervenga y actúe de manera decidida para contribuir a poner fin al racismo sistémico en contra de las personas afrodescendientes y otros grupos minoritarios a través “del desarrollo y el estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”, tal como se estipula en el artículo 1º de la Carta de las Naciones Unidas.  De hecho, el fundamento de las Naciones Unidas es la convicción de que todos los seres humanos son iguales y tienen derecho a vivir sin temores de persecución. 

Fue en el momento más crítico del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos y durante la emergencia de las naciones africanas independientes poscoloniales que se sumaron a las Naciones Unidas, que entró en vigor la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial en el año de 1969. 

Este fue un momento crucial en la historia. El colapso del apartheid en Sudáfrica, impulsado en parte por las Naciones Unidas, fue uno de los logros de mayor orgullo para la Organización.  

Los derechos humanos y la dignidad de las personas de raza negra en el África, lo mismo que de toda la diáspora africana, resonaron como una poderosa señal para las generaciones futuras en el sentido de que las Naciones Unidas jamás habrían de hacer caso omiso de la discriminación racial o tolerar la injusticia y el fanatismo al amparo de leyes injustas.  En esta nueva era, y en ese mismo sentido, las Naciones Unidas deben hacer uso de su influencia para recordarnos, una vez más, la tarea inconclusa de erradicar el racismo y exhortar a la comunidad de las naciones a eliminar la mancha del racismo en la humanidad.  

Predicar con el ejemplo

Damos la bienvenida a las iniciativas del Secretario General para fortalecer el discurso en contra del racismo en el mundo, que nos permitirán hacer frente a su ejercicio sistémico en todos los niveles, lo mismo que a su impacto dondequiera que exista, incluyendo en la misma Organización de las Naciones Unidas. 

Si vamos a predicar, debemos hacerlo con el ejemplo. Para iniciar y sostener un cambio real, también debemos de contar con una valoración honesta acerca de cómo poner en práctica la Carta de las Naciones Unidas al interior de nuestra institución.

Nuestra expresión de solidaridad es completamente acorde con nuestras responsabilidades y obligaciones como funcionarios públicos internacionales en el sentido de oponernos a la opresión y pronunciarnos en contra de ella. Como líderes, compartimos las creencias fundamentales y los valores y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, que no nos permiten la opción de guardar silencio.  

Nos comprometemos a hacer uso de nuestra experiencia, liderazgo y mandatos para hacer frente a las causas profundas y los cambios estructurales que deben instrumentarse si queremos poner fin al racismo. A casi 500 años del inicio del repugnante comercio transatlántico de personas africanas, hemos arribado a un momento crítico en la trayectoria del universo moral al aproximarnos al final del Decenio Internacional para los Afrodescendientes en el 2024, que está a tan solo cuatro años de distancia.

Usemos nuestra voz colectiva para satisfacer las aspiraciones de nuestras comunidades, que esperan que las Naciones Unidas usen su fuerza moral como institución para incidir en el cambio mundial. Usemos nuestra voz para contribuir a hacer realidad la visión transformadora propia del África contenida en la Agenda 2063, que es consecuente con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible para el mundo. 

África es la cuna de la humanidad y precursora de las civilizaciones humanas. Como continente, África debe jugar un papel determinante si el mundo ha de alcanzar el desarrollo sostenible y la paz. Ese fue el sueño de los fundadores de la Organización de la Unidad Africana; esa fue también la firme convicción de líderes destacados como Kwame Nkrumah e intelectuales eminentes como Cheikh Anta Diop. 

Jamás olvidemos las palabras del presidente Nelson Mandela: “Negar a las personas sus derechos humanos es desafiar su propia humanidad”. 

Recordemos siempre la advertencia de Fannie Lou Hamer, lideresa de los derechos civiles: “Nadie es libre hasta que todos sean libres“, un mensaje retomado por el Dr. Martin Luther King Jr.: “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”.  

Sus palabras fueron plasmadas más adelante en el arcoíris de la diversidad de la nación de Sudáfrica, tal como lo expresó el conciliador Arzobispo Desmond Tutu, cuando afirmó que “La liberación negra es un requisito absolutamente indispensable para la liberación blanca: nadie será libre hasta que todos seamos libres”.

(*) Todos los firmantes mencionados a continuación son funcionarios de alto nivel de las Naciones Unidas que ostentan el cargo de Secretario General Adjunto. Firmaron este artículo de opinión a título personal:

 Edros ADHANOM GHEBREYESUS, Mahamat Saleh ANNADIF, Zainab BANGURA, Winnie BYANYIMA, Mohamed Ibn CHAMBAS, Adama DIENG, François Lounceny FALL, Bience GAWANAS , Gilbert HOUNGBO, Bishar A. HUSSEIN , Natalia KANEM, Mukhisa KITUYI, Mankeur NDIAYE, Phumzile MLAMBO-NGCUKA, Parfait ONANGA-ANYANGA, Moussa D, OUMAROU, Pramila PATTEN, Vera SONGWE, Hanna TETTEH, Ibrahim THIAW, Leila ZERROUGUI

Colapsa el Imperio

Este fin de semana, miles de personas salieron a la calle en todo Estados Unidos para protestar contra las muertes de personas negras avaladas por el Estado. Al mismo tiempo, el país enfrenta su mayor crisis de salud pública en generaciones y la mayor tasa de desempleo desde la Gran Depresión.

En este contexto, el profesor Cornel West se refiere a Estados Unidos como una “civilización capitalista depredadora y obsesionada con el dinero, el dinero y el dinero”. También establece un vínculo entre la violencia del Estado estadounidense en el extranjero y dentro del país. “Hay una conexión entre las semillas de violencia que se siembran externa e internamente”.

Para conocer más sobre este tema, vea (en inglés) la entrevista que le hicimos al profesor Cornel West.

NERMEEN SHAIKH: Dr. Cornel West, ¿podría responder a lo que dijo la profesora Yamahtta Taylor? Usted está de acuerdo, por supuesto, en que el asesinato de George Floyd fue un linchamiento. También ha dicho que su muerte y las manifestaciones que se desencadenaron son una muestra del fallido experimento social que es Estados Unidos. ¿Podría responder a eso y también a la forma en que el Estado y las fuerzas del orden han respondido a las protestas tras la muerte de George Floyd, con la Guardia Nacional desplegada en muchas ciudades y estados alrededor del país?

CORNEL WEST: No hay duda de que este es el momento de la verdad en Estados Unidos. Pero tenemos que establecer la conexión entre lo local y lo global. Porque cuando se siembran las semillas de la avaricia: la desigualdad a nivel nacional y, a nivel mundial, los tentáculos imperialistas, 800 unidades militares en el extranjero, la violencia y la presencia del Mando África de EE.UU. (AFRICOM) en África, el apoyo a varios regímenes dictatoriales en Asia, etc., hay una conexión entre las semillas de violencia sembradas externa e internamente. Lo mismo pasa con las semillas del odio, de la supremacía blanca, del odio hacia las personas negras. El odio a la negrura, con su propia dinámica dentro del contexto de una civilización capitalista depredadora, obsesionada con el dinero, dinero, más dinero, la dominación de los trabajadores y la marginación de aquellos que no encajan —nuestros hermanos homosexuales, hermanas lesbianas, trans y demás—. Es precisamente esta convergencia a la cual se refiere mi querida hermana, la profesora Taylor, en relación con las formas en que el imperio estadounidense está implosionando, con sus cimientos sacudidos por levantamientos desde las bases.

El catalizador, sin duda, fue el linchamiento público de nuestro hermano George Floyd, pero también los fracasos de la economía capitalista depredadora en satisfacer las necesidades básicas de alimentación, asistencia sanitaria y educación de calidad, trabajos con un salario digno, al igual que el colapso de la clase política y el colapso de la clase profesional. Su legitimidad ha sido cuestionada radicalmente, y eso es multirracial. Es la dimensión neofascista de Trump. Es la dimensión neoliberal de Biden y Obama, de los Clinton y demás. Esto incluye a gran parte de los medios de comunicación. Incluye a muchos de los profesores en las universidades. Los jóvenes dicen: “Todos ustedes han sido hipócritas. No se han preocupado por nuestro sufrimiento, nuestra miseria. Ya no creemos en su legitimidad”. Y eso deriva en una violenta explosión, que es lo que sucede ahora.

No quiero extenderme, pero, es en este contexto en el creo que Ella Baker y Fannie Lou Hamer, el rabino Heschel y Edward Said y, especialmente, el hermano Martin y Malcolm y sus legados, se vuelven más importantes, porque nos hablan desde la verdad. Nos proporcionan la conexión entre justicia y compasión con su ejemplo, en la forma en que se organizaron. Y eso es lo que se necesita en este momento. Una rebelión no es lo mismo que una revolución, de ninguna manera. Lo que necesitamos es un proyecto revolucionario no violento de intercambio democrático a gran escala —poder, riqueza, recursos, respeto, organización— y una transformación fundamental de este imperio estadounidense.

AMY GOODMAN: ¿Cuál es su opinión, profesor West, acerca del gobernador de Minnesota, quien ha dicho que se están investigando conexiones entre grupos de supremacía blanca con los saqueos e incendios en la ciudad, y luego, el presidente Trump diciendo en Twitter que buscará incluir a ANTIFA, los activistas antifascistas, en la lista de terroristas —algo que no puede hacer— y el énfasis que William Barr le ha dado a esto, al decir que emprenderá una investigación contra la extrema izquierda?

CORNEL WEST: No, eso es ridículo. Recuerde, hermana Amy —y le digo que la aprecio y la respeto mucho— que ANTIFA me salvó la vida en Charlottesville. No hay duda de eso. Ellos brindaron seguridad. Así que la noción de que se conviertan en candidatos a ser designados como organización terrorista, cuando las personas que intentaban matarnos —los nazis, el Klan— no son candidatos para un estatus de organización terrorista, es precisamente lo que quieren que suceda. Y lo que sucederá, con Trump a la cabeza, es una reacción violenta, represiva y neofascista ante lo que está pasando. Tenemos que ser muy claros al respecto. El neofascismo tiene ese tipo de obsesión con la imposición militarista ante cualquier tipo de desorden. Entonces tenemos que fortalecernos ante eso. Pero creo que lo más importante es que debemos asegurarnos de preservar nuestro fundamental enfoque moral y espiritual, nuestras cualidades, en perseguir la verdad y la justicia, además de vigilar de cerca el saqueo legalizado: la codicia de Wall Street; el asesinato legalizado: la policía; el asesinato legalizado en el extranjero, en Yemen, en Pakistán, en África con AFRICOM, y así sucesivamente. Ahí es donde debe estar nuestro enfoque, porque toda esta energía rebelde se tiene que canalizar a través de organizaciones arraigadas en la búsqueda de la verdad y la justicia.

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