El mercado vitivinícola argentino exhibió en marzo de 2026 una recuperación significativa en términos de volumen exportado, aunque con un impacto limitado en la generación de divisas. Según los datos relevados, las exportaciones de vino crecieron 22,8% interanual, mientras que el mosto concentrado registró un salto aún mayor, del 59,2%.
Sin embargo, este fuerte repunte en cantidades no se tradujo en igual medida en ingresos: el valor FOB total aumentó apenas un 9%, lo que evidencia una caída en el precio promedio de exportación y marca una brecha entre volumen y valor.
Impulso del granel y señales de primarización
El crecimiento estuvo motorizado principalmente por los envíos a granel, que aumentaron un 51,2% interanual en volumen, mientras que los vinos fraccionados —de mayor valor agregado— crecieron un 13,1%. En términos de facturación, ambos segmentos registraron incrementos similares, lo que confirma una tendencia hacia modalidades de menor precio unitario.
En este contexto, se consolida un proceso de “comoditización” de las exportaciones. Se destaca especialmente el incremento de los vinos sin mención varietal a granel, que crecieron un 876,6%, junto con un mayor protagonismo de vinos blancos bajo esta modalidad. Esta dinámica, si bien impulsa las cantidades exportadas, limita el ingreso de divisas.
Un repunte con base débil
La mejora del primer trimestre de 2026 también debe leerse en relación con el desempeño del año anterior. En 2025, las exportaciones vitivinícolas habían caído un 6,8% en volumen y un 7,2% en valor.
En el acumulado de enero a marzo de este año, el volumen exportado creció 15,5%, pero los ingresos apenas avanzaron un 1,2%. La diferencia refleja un deterioro en los términos de intercambio y una recuperación aún frágil.
El crecimiento sigue concentrado en el granel (+54,6%), mientras que el vino fraccionado muestra un comportamiento prácticamente estancado (+2,1%).
Limitaciones estructurales
Otro de los factores que condiciona el desempeño del sector es su posicionamiento en el mercado internacional. El vino fraccionado argentino se concentra mayormente en segmentos de precios medios, con escasa participación en gamas premium, lo que limita la capacidad de capturar mayor valor por unidad exportada.
A su vez, persiste una fuerte concentración productiva: el Malbec representa el 66,5% del volumen exportado, mientras que Mendoza concentra el 94% de los envíos, seguida a gran distancia por La Rioja.
El desafío: convertir volumen en valor
El repunte en las exportaciones marca una señal positiva para el sector, pero también deja en evidencia sus desafíos estructurales. La dependencia de segmentos de menor valor agregado y la caída de precios internacionales limitan el impacto económico del crecimiento.
En este escenario, la sostenibilidad de la actividad vitivinícola estará ligada a la capacidad de recomponer precios, fortalecer el vino fraccionado y mejorar el posicionamiento en mercados de mayor valor.
Porque no alcanza con vender más: el verdadero desafío es que cada botella —o cada litro— valga más en el mundo.
