
La vigésima edición del Festival Cervantino de la Argentina concluyó el domingo con un multitudinario espectáculo en el Complejo Cultural San Martín. Teresa Parodi fue la figura central de una jornada que también reunió a la murga uruguaya Taba Re Cargosa, Los Molembos y la banda azuleña Facón. Durante diez días, más de 80 propuestas artísticas, literarias, educativas y comunitarias recorrieron distintos espacios de la ciudad.
Azul despidió el domingo 1 de noviembre la vigésima edición del Festival Cervantino de la Argentina, una celebración que durante diez días volvió a poner en primer plano la identidad cultural de la ciudad. Con una programación que superó las 80 actividades y reunió expresiones de distintas disciplinas, el encuentro tuvo su cierre en el Complejo Cultural San Martín, ante una importante concurrencia y con entrada libre y gratuita.
La presentación de Teresa Parodi fue el momento central de la última jornada. La reconocida cantautora ofreció un concierto en el que interpretó canciones de su repertorio y de su disco Hasta que amanezca, acompañada por sus nietos Ezequiel, Emilia y Lautaro. La participación familiar aportó una dimensión emotiva al espectáculo y fue uno de los momentos destacados de la clausura.
La programación musical comenzó con la murga uruguaya Taba Re Cargosa, que llevó al escenario su propuesta de humor, sátira y tradición rioplatense. Luego fue el turno de Los Molembos, con una combinación de candombe, rock, funk y ritmos tradicionales. Después de la actuación de Parodi, la banda Facón completó la noche con su repertorio de folk-rock.
La jornada final también incluyó una feria gastronómica, de artesanos y emprendedores, que acompañó la propuesta cultural y convocó a productores locales y regionales.
Diez días de propuestas en toda la ciudad

Teresa Parodi en el cierre del festival.
Bajo el lema “Cultura Viva, construyendo identidad”, el Festival desarrolló una programación diversa que abarcó música, literatura, artes visuales y escénicas, cine, educación, gastronomía, deportes y recreación. Las actividades se desplegaron en teatros, plazas, museos, bibliotecas, espacios culturales y distintos sectores de Azul.
La apertura oficial tuvo lugar el viernes 23 de octubre en la Casa Ronco, un espacio emblemático para la historia cultural de la ciudad. El acto reunió a autoridades municipales, representantes del Comité Directivo de Azul Ciudad Cervantina (CODACC), instituciones y vecinos. Por la tarde, la Plaza San Martín recibió el espectáculo “Música y Comunidad en Movimiento”, con la presentación del Sindicato Argentino de Boleros, Sandra Forte como invitada y la participación de agrupaciones de danza.
Uno de los ejes de esta edición estuvo vinculado con la memoria y el patrimonio cervantino. La exposición “Legado vivo, Quijote en presente”, presentada en la Casa Ronco, puso en diálogo el patrimonio bibliográfico y cultural de la institución con las nuevas expresiones artísticas.
También tuvo especial protagonismo el ilustrador Miguel Rep, padrino del Festival, quien realizó la restauración en vivo del emblemático mural del Quijote ubicado frente a la Plaza del Quijote. La intervención permitió que vecinos y visitantes observaran el trabajo del artista en el espacio público.
Rep participó además de un encuentro en el espacio Serapio, donde conversó sobre su obra, presentó aspectos de su libro Charly Absoluto, dedicado a Charly García, y compartió una actividad artística junto al público.
Literatura, teatro y memoria

La literatura tuvo uno de sus momentos destacados con la presentación de “Soy Quixote”, del catedrático e investigador español José Manuel Lucía Megías, uno de los padrinos del Festival. El encuentro se realizó en el Teatro Español y contó con la participación de Carlos Filippetti, referente de las gestiones que contribuyeron al reconocimiento de Azul como Ciudad Cervantina de la Argentina.
El diálogo permitió recuperar los orígenes del proyecto cultural y el camino recorrido desde las primeras iniciativas vinculadas con el Quijote hasta la consolidación de una identidad colectiva alrededor de la figura de Cervantes.
La programación teatral también tuvo su espacio con la obra “Narices negras”, del grupo platense Almas sobre las tablas. La puesta abordó la memoria colectiva de la tragedia de Cromañón a través de una ficción radial que invitó a reflexionar sobre los testimonios y las experiencias de quienes atravesaron aquella noche del 30 de diciembre de 2004.
A estas propuestas se sumaron muestras, encuentros, intervenciones artísticas y actividades en instituciones de la ciudad, que ampliaron la presencia del Festival más allá de los escenarios tradicionales.
El arte también salió a los barrios

La vigésima edición buscó fortalecer la participación comunitaria y extender las actividades a diferentes espacios de Azul. Entre las propuestas se desarrolló “Cervantes se viste de Newcom”, un torneo deportivo realizado en el playón del barrio UOCRA.
También se llevó adelante “Eco de la Multitud: Identidades en Red”, con intervenciones urbanas en el veredón municipal; participaron los Croquiseros de Azul en el marco de “Sabores de Azul” y se realizó una clase abierta de ritmos para todas las edades, coordinada por Sandra Rott, bajo el título “Todos podemos bailar”.
La danza tuvo además un espacio de encuentro con el proyecto “La danza, espejo de cultura e identidad”, presentado en el Complejo Cultural San Martín. La música electrónica y las nuevas expresiones juveniles estuvieron representadas por “Cervantrónica”, con la participación de Totty Cáceres, DJs y artistas invitados.
La diversidad de propuestas permitió que el Festival reuniera a artistas consagrados, músicos locales, agrupaciones independientes, instituciones educativas, organizaciones culturales y vecinos de distintas generaciones.
Veinte años de construcción colectiva

La inauguración de esta edición especial estuvo encabezada por el intendente Nelson Sombra, quien destacó el valor de la Casa Ronco y el legado de Bartolomé J. Ronco y María de las Nieves Giménez en la construcción de la identidad cultural azuleña.
Durante el acto, la coordinadora del Festival, Sandra Adam, señaló que a lo largo de estas dos décadas Azul pasó de portar una distinción a construir una comunidad que vive y recrea el espíritu cervantino en sus plazas, barrios, escuelas e instituciones.
Por su parte, José Manuel Lucía Megías recordó los momentos que dieron origen al proyecto y destacó la importancia de la participación comunitaria para proyectar el nombre de Azul más allá de sus fronteras.
La ciudad fue reconocida como Ciudad Cervantina de la Argentina en 2007 por el Centro UNESCO Castilla-La Mancha. Desde entonces, el Festival se convirtió en una de las principales expresiones de ese reconocimiento, con una construcción cultural que involucra a instituciones, artistas, organizaciones y vecinos.
Con la música de Teresa Parodi como cierre, la vigésima edición dejó una nueva marca en ese recorrido. Diez días de actividades, encuentros y expresiones artísticas volvieron a poner de manifiesto que la identidad cervantina de Azul no se limita a una celebración anual: se construye en la memoria, en el patrimonio y, sobre todo, en la participación de una comunidad que hace de la cultura una experiencia compartida.







