
La morosidad de las familias con el sistema financiero volvió a empeorar y alcanzó el 11,2% en febrero, según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El indicador subió 0,6 puntos porcentuales respecto de enero y acumula un fuerte incremento interanual.
En términos generales, la irregularidad del crédito llegó al 6,7% del total de préstamos, con una suba mensual de 0,3 puntos. El dato confirma una tendencia: cada vez más hogares tienen dificultades para cumplir con sus obligaciones.
El deterioro se da en un contexto de alto endeudamiento. Actualmente, la deuda total de las familias y empresas asciende a unos $39 billones.
De ese total:
- $32,1 billones corresponden a deuda bancaria (préstamos, tarjetas, hipotecas)
- $6,9 billones a deuda no bancaria (comercios, mutuales y financiamiento informal)
En promedio, la deuda por hogar se ubica en torno a los $5,7 millones, a lo que se suman aproximadamente $1,1 millones en compromisos fuera del sistema financiero formal.
Mientras tanto, la mora empresarial se mantiene más baja, en torno al 2,9%, lo que marca una diferencia clara: el mayor estrés está en los ingresos familiares.
El aumento de la morosidad refleja una combinación de factores: caída del poder adquisitivo, aumento de tarifas y servicios, y uso intensivo del crédito para sostener el consumo.
En ese escenario, muchas familias comienzan a priorizar gastos básicos y postergan pagos financieros, lo que impacta directamente en los indicadores del sistema.
El impacto en ciudades como Azul
Aunque los datos son nacionales, sus efectos se sienten con fuerza en ciudades intermedias como Azul, donde el consumo interno es el principal motor de la economía local.
Comerciantes de distintos rubros vienen señalando una caída en las ventas y un aumento de las compras financiadas o directamente postergadas. En algunos casos, también crece el uso del “fiado” o acuerdos informales de pago, una práctica que reaparece cuando el crédito formal se vuelve difícil de sostener.
Este escenario genera un efecto en cadena:
- menor circulación de dinero
- caída del consumo en comercios locales
- mayor cautela en inversiones pequeñas
- tensiones en la cadena de pagos
El aumento de la morosidad no solo refleja problemas financieros individuales, sino también una señal sobre el estado general de la economía.
Cuando las familias dejan de pagar o se atrasan, el sistema se vuelve más restrictivo: suben las tasas, se endurecen las condiciones de crédito y se reduce aún más el acceso al financiamiento.
En ciudades como Azul, donde gran parte de la actividad depende del movimiento cotidiano, ese círculo se traduce en menos ventas, menos trabajo y una economía que empieza a caminar más lento.






