
Un grupo de jóvenes atacó con palos, piedras, conos de tránsito y otros objetos a trabajadoras trans en los bosques de Palermo. Al menos seis mujeres resultaron heridas y una sufrió la pérdida de una oreja. La comunidad LGBTIQ+ reclamó una investigación, la identificación de los responsables y políticas públicas contra los discursos de odio. El episodio ocurre a pocos días de una nueva Marcha del Orgullo.
Un violento ataque contra mujeres trans conmocionó a la Ciudad de Buenos Aires y provocó un amplio repudio de organizaciones de la diversidad sexual, referentes sociales y artistas. El episodio ocurrió en los bosques de Palermo, en la zona de las avenidas De los Ombúes y Andrés Bello, donde un grupo de jóvenes agredió a trabajadoras sexuales trans que se encontraban en el lugar.
Los atacantes utilizaron palos, piedras, conos de señalización vial y otros objetos contundentes. Pero hubo un elemento que agravó todavía más la dimensión pública del hecho: los propios agresores filmaron las escenas y difundieron los videos en redes sociales, acompañándolos con insultos y mensajes de burla hacia las víctimas.
De acuerdo con las informaciones difundidas por medios nacionales, al menos seis mujeres trans sufrieron lesiones. Una de ellas perdió una oreja como consecuencia de los golpes recibidos. <Cite refs={[«turn163966view0″,»turn163966view2»]}/>
Una agresión que habría sido organizada previamente
Las primeras reconstrucciones indican que el ataque no habría sido un episodio espontáneo. La politóloga y activista trans Gabriela Ivy, quien tomó contacto con una de las víctimas, sostuvo que los agresores pertenecían a grupos de jóvenes que practican ciclismo tipo stunt y que se habrían organizado para acudir al lugar.
En declaraciones al canal de streaming TUGO, Ivy habló de una convocatoria de entre 50 y 60 personas y describió el episodio como una acción planificada para perseguir y golpear a mujeres trans. También señaló que algunas cuentas de redes sociales vinculadas con los agresores habían publicado imágenes de las agresiones.
La difusión de los videos permitió conocer la violencia ejercida y también las expresiones discriminatorias utilizadas durante el ataque. Uno de los jóvenes llegó a jactarse de lo ocurrido en una publicación, donde se presentó con el apodo de “matatrans”.
Las víctimas denunciaron que los atacantes primero se acercaron para provocarlas e insultarlas y luego regresaron acompañados por más personas. La agresión incluyó persecuciones y golpes, mientras las mujeres intentaban escapar. <Cite refs={[«turn163966view0″,»turn984497search2»]}/>
Investigación judicial y reclamo de justicia
La Defensoría LGBT de la Ciudad de Buenos Aires informó que trabaja junto con las víctimas en la presentación de una denuncia penal para que se identifique a los responsables y se investigue lo sucedido.
Por su parte, según informó ANDigital, la Fiscalía Especializada en Discriminación de la Ciudad inició una actuación de oficio. Entre las medidas señaladas se encuentran el análisis de las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano y las tareas de identificación de los perfiles que difundieron los registros audiovisuales.
Al momento de las primeras publicaciones periodísticas no se habían informado detenciones. La identificación de quienes participaron en las agresiones y de quienes las organizaron constituye uno de los principales reclamos de las organizaciones. <Cite refs={[«turn163966view0″,»turn163966view2»]}/>
La respuesta de la comunidad LGBTIQ+: “Las palabras habilitan la violencia”
El ataque generó una fuerte reacción de organizaciones y referentes de la diversidad sexual, que advirtieron que la violencia física no puede analizarse de manera aislada del contexto social y político en el que se producen los discursos discriminatorios.
Pedro Paradiso Sottile, presidente de la Fundación Igualdad, sostuvo que lo ocurrido no fue una broma ni un exceso ocasional, sino un acto de violencia y un delito motivado por el odio hacia la identidad de género.
El dirigente reclamó que la Justicia y el Gobierno porteño identifiquen a todos los responsables, incluidos quienes alentaron y difundieron las agresiones. También pidió que se investigue la posible aplicación del agravante por odio a la identidad de género contemplado en el Código Penal y que las víctimas reciban acompañamiento, protección y reparación, sin ser sometidas a nuevas situaciones de revictimización.
Paradiso vinculó además el episodio con el retroceso de las políticas públicas destinadas a prevenir la discriminación y cuestionó el desmantelamiento del INADI, organismo nacional que tenía entre sus funciones la recepción de denuncias y la promoción de políticas contra la discriminación.
“Las palabras habilitan la violencia”, advirtió el referente, al señalar la responsabilidad que tienen los discursos públicos en la construcción de un clima de hostilidad hacia las personas travestis y trans. <Cite refs={[«turn984497search1″,»turn163966view1»]}/>
El repudio de artistas y figuras públicas
La agresión también provocó pronunciamientos de artistas con gran presencia en redes sociales.
Lali Espósito cuestionó la escasa atención que algunos medios otorgaban al ataque en comparación con otros temas de actualidad. María Becerra expresó su indignación y llamó a no dejar solas a las personas trans. Emilia Mernes, por su parte, rechazó que la identidad de género pueda convertirse en motivo para ejercer violencia contra una persona.
Las intervenciones de las artistas ampliaron la repercusión del caso y contribuyeron a instalar el reclamo de justicia más allá de las organizaciones directamente vinculadas con la defensa de los derechos de la diversidad sexual. <Cite refs={[«turn163966view3»]}/>
Una agresión en la antesala de la Marcha del Orgullo
El ataque se produjo pocos días antes de la 35.ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+, convocada para el sábado 7 de noviembre en la Ciudad de Buenos Aires.
Para las organizaciones, el episodio vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de las personas trans y travestis frente a la violencia y la discriminación. También recuerda que la igualdad formal ante la ley no garantiza por sí sola condiciones reales de seguridad, reconocimiento y acceso a derechos.
La situación de las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual, en particular, expone una combinación de desigualdades: discriminación por identidad de género, precariedad económica, exposición a la violencia y dificultades para acceder a mecanismos de protección y justicia.
La comunidad reclama que el Estado no se limite a intervenir después de cada agresión, sino que recupere políticas sostenidas de prevención, acompañamiento y protección. Entre los pedidos se encuentran la investigación de los ataques motivados por odio, la asistencia integral a las víctimas y el fortalecimiento de los organismos destinados a combatir la discriminación.
La convocatoria a la Marcha del Orgullo adquiere así una dimensión adicional. En un contexto en el que un grupo de jóvenes pudo organizar una agresión, registrarla y exhibirla públicamente como una provocación, el reclamo de las diversidades vuelve a poner en el centro una demanda elemental: poder vivir, circular y trabajar sin miedo a ser perseguidas o golpeadas por su identidad de género.





