El Congreso argentino se prepara para debatir en el Senado un proyecto de reforma a la Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de Glaciares y del Ambiente Periglacial —la llamada Ley de Glaciares— que fue sancionada en 2010 para proteger uno de los recursos naturales más estratégicos del país: el agua dulce contenida en los cuerpos de hielo de la cordillera de los Andes y otras zonas de montaña.
La iniciativa impulsada por el gobierno del presidente Javier Milei y su coalición busca modificar los criterios de protección ambiental para permitir actividades extractivas —principalmente minería— en áreas que hasta ahora estaban bajo salvaguarda total.
Según el texto que se debate, las provincias podrían decidir si determinadas áreas cercanas a los glaciares cumplen una “función estratégica hídrica” y, en función de eso, autorizar o no proyectos productivos en sus territorios.
¿Qué cambia la reforma?
Bajo la ley vigente, todos los glaciares incluidos en el Inventario Nacional de Glaciares están protegidos automáticamente de actividades que puedan alterar su dinámica natural, como minería, hidrocarburos o infraestructura de impacto.
La reforma propone que esa protección ya no sea automática, sino que quede sujeta a la evaluación de cada provincia, lo que puede abrir la puerta a explotación minera en zonas antes inamovibles.
Desde el gobierno se argumenta que la actual ley presenta interpretaciones ambiguas y que las modificaciones aportarían seguridad jurídica para inversiones productivas y una articulación más eficiente entre Nación y provincias.
Riesgos ambientales y alertas de especialistas
Organizaciones ambientalistas, científicos y grupos de la sociedad civil han expresado un rechazo contundente a la iniciativa argumentando que debilitar las protecciones pone en riesgo el acceso al agua para millones de argentinos.
Greenpeace Argentina calificó la reforma como “un ataque directo al agua de los argentinos” y advirtió que redefinir los límites de protección de los glaciares puede significar una exposición a contaminación y a la desaparición de ecosistemas fundamentales.
Más de 25 organizaciones ambientales y sociales firmaron documentos de rechazo señalando que la norma modificada fracturaría la protección mínima establecida en la Constitución nacional y debilitando la seguridad jurídica de los marcos ambientales.
Voces de la cultura y la sociedad en defensa del agua
La controversia también traspasó los ámbitos científicos y técnicos para instalarse en la esfera cultural y ciudadana. Artistas, intelectuales y escritores de proyección nacional e internacional firmaron una solicitada en defensa de la ley vigente, sosteniendo que “una vez destruido un glaciar, no hay posibilidad de recomponerlo” y que cualquier retroceso en su protección es inadmisible en tiempos de crisis climática.
La Iglesia, por su parte, también se pronunció en contra de los cambios, apelando a una “solidaridad intergeneracional” y pidiendo a los legisladores que piensen en las futuras generaciones antes de poner en riesgo reservas de agua dulce.
Agua, soberanía y futuro
Los glaciares no son solo masas de hielo aisladas en la cordillera. Constituyen reservas estratégicas de agua dulce cuyo derretimiento alimenta ríos, acuíferos y sistemas productivos que sustentan la vida de millones de personas y actividades económicas diversas, desde la agricultura hasta el turismo.
En un contexto global marcado por el calentamiento climático y la creciente escasez de agua, la discusión sobre la Ley de Glaciares adquiere un valor simbólico y práctico: se debate el modelo de desarrollo que Argentina quiere para las próximas décadas. ¿Se prioriza la explotación de recursos naturales con criterios de corto plazo o se defiende la vida, la soberanía del agua y el legado ambiental para las generaciones futuras?
Mientras el Senado se dispone a discutir la reforma, las voces que reclaman protección del territorio y de nuestras riquezas naturales siguen fortaleciendo la idea de que el cuidado del medio ambiente no es un obstáculo al desarrollo, sino su condición indispensable.
