La figura del presidente Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más complejos desde su llegada al poder. Distintas encuestas difundidas en abril coinciden en un dato que resuena con fuerza en el escenario político: la imagen positiva del mandatario cayó de manera pronunciada en los últimos meses y el rechazo ya supera ampliamente el 60%.
Según uno de los relevamientos más recientes, Milei registra actualmente un 35% de imagen positiva frente a un 63% de valoración negativa, lo que implica una caída de 13 puntos respecto de enero. Este deterioro no solo marca un cambio en la percepción pública, sino que además lo ubica por detrás de varios dirigentes políticos, tanto opositores como oficialistas.
En ese ranking de imagen, el Presidente quedó relegado frente a figuras como el gobernador bonaerense Axel Kicillof, la diputada de izquierda Myriam Bregman, la ex vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner e incluso la ministra de Seguridad Patricia Bullrich.
Un deterioro que se acelera

El retroceso en la imagen presidencial no aparece como un hecho aislado. Otras mediciones recientes también muestran niveles de desaprobación superiores al 60%, consolidando una tendencia que, según analistas, se viene profundizando desde comienzos de año.
Incluso informes internacionales advierten que el desgaste del Gobierno se vincula con la situación económica: caída de la actividad, persistencia de la inflación y dificultades cotidianas que afectan directamente a amplios sectores de la sociedad.
En ese contexto, la pérdida de respaldo no solo se expresa en números, sino también en un clima social más tenso, donde crece la preocupación por el empleo, el poder adquisitivo y el rumbo general de la economía.
Entre el ajuste y la expectativa social

Desde el oficialismo sostienen que el programa económico atraviesa una etapa inicial y que los resultados estructurales requieren tiempo. El propio Milei ha defendido el ajuste fiscal y la desregulación como pilares de su gestión, aun frente a las críticas y al malestar social creciente.
Sin embargo, la velocidad de la caída en la imagen pública empieza a encender alarmas políticas. Algunos analistas señalan que el Gobierno enfrenta un desafío clave: sostener el apoyo en un escenario donde los costos del ajuste son inmediatos, pero los beneficios prometidos aún no logran percibirse de manera generalizada.
Un escenario abierto

A poco más de dos años del inicio de la gestión, el mapa político muestra un equilibrio inestable. La figura de Milei, que supo capitalizar el descontento con la política tradicional, ahora se enfrenta a una dinámica inversa: el desgaste del ejercicio del poder.
En esa tensión —entre expectativas, ajuste y realidad cotidiana— se juega no solo la evolución de su imagen, sino también el rumbo político de una Argentina que, una vez más, parece moverse en el filo de sus propias incertidumbres.
