
Miles de personas participaron este miércoles de una nueva jornada de movilización del colectivo Ni Una Menos en distintas ciudades de la Argentina, al cumplirse once años de aquella histórica convocatoria que en 2015 marcó un antes y un después en la lucha contra la violencia machista. La consigna elegida para este año fue: «Vivas, libres y desendeudadas nos queremos».
La marcha tuvo como principal escenario las inmediaciones del Congreso Nacional, aunque las manifestaciones se replicaron en las provincias y en numerosas ciudades del interior del país. Organizaciones feministas, sindicales, sociales, estudiantiles y de derechos humanos participaron de una jornada atravesada por el reclamo de justicia y la preocupación por los recientes casos de violencia de género que conmocionaron a la sociedad argentina.
Entre los casos que impulsaron la convocatoria se encuentran los femicidios de Agostina Vega, de 14 años, asesinada en Córdoba; Dulce María Beatriz Candia, de 17 años, en Misiones; y Noelia Carolina Romero, en la provincia de Buenos Aires. Los tres crímenes volvieron a instalar en la agenda pública el debate sobre la violencia contra las mujeres y la necesidad de fortalecer las políticas de prevención y protección.
El movimiento Ni Una Menos nació el 3 de junio de 2015 tras el femicidio de Chiara Páez, una adolescente santafesina de 14 años cuyo asesinato provocó una masiva reacción social. Desde entonces, cada año la fecha se convirtió en un símbolo de la lucha contra los femicidios y las distintas formas de violencia por motivos de género.
Durante las movilizaciones también se expresaron críticas hacia las políticas impulsadas por el Gobierno nacional en materia de género. Diversas organizaciones denunciaron el cierre de organismos especializados, la reducción de programas de asistencia y la disminución de recursos destinados a la prevención de la violencia contra las mujeres.
Según datos citados por organizaciones feministas, desde la primera movilización de Ni Una Menos se registraron más de 3.200 víctimas fatales de violencia de género en Argentina, una cifra que mantiene vigente el reclamo social por políticas públicas eficaces y sostenidas en el tiempo.
A once años de aquel primer grito colectivo, las calles volvieron a llenarse de pañuelos, carteles y fotografías. Más allá de las diferencias políticas y de los debates que atraviesan al movimiento, la consigna que dio origen a Ni Una Menos continúa resonando con la misma fuerza: que ninguna mujer vuelva a ser víctima de la violencia por razones de género y que el derecho a vivir una vida libre y segura deje de ser una deuda pendiente de la democracia argentina.






