Un carnicero corta parte de una media res. EFE/Cézaro De Luca/Archivo
El precio de la carne bovina volvió a ubicarse en el centro de la escena económica argentina. Un reciente informe técnico analizó las causas del incremento y concluyó que el alza responde, principalmente, a una combinación de restricción de oferta, impactos climáticos acumulados y sostenida demanda internacional, más que a un aumento significativo en los costos de alimentación.
Caída del stock ganadero y menor oferta
El factor central detrás de la suba es la reducción del stock ganadero durante 2024 y 2025, lo que generó menor disponibilidad de terneros, novillos y vaquillonas para faena. Esa menor oferta impactó de forma directa sobre el mercado y presionó al alza los valores del ganado en pie y, posteriormente, de los cortes en mostrador.
La sequía de 2023 fue un punto de inflexión. Las condiciones productivas se deterioraron de manera significativa y muchos productores se vieron obligados a vender hacienda de forma anticipada para sostenerse económicamente. Esa liquidación forzada redujo el rodeo disponible para los ciclos siguientes, afectando la capacidad de recuperación del sector.
A esto se sumó la falta de políticas públicas específicas orientadas a recomponer el stock y amortiguar los efectos de los shocks climáticos, lo que dificultó una recuperación sostenida de la actividad.
Inundaciones y problemas estructurales
Lejos de mejorar, el escenario se complicó en 2024 y 2025 con inundaciones en distintas regiones productivas. Estos eventos reforzaron el proceso contractivo: nuevas ventas anticipadas, caída en los índices de preñez y reducción adicional de existencias.
El mal estado de los caminos rurales también jugó un papel relevante. Las dificultades logísticas encarecieron el traslado de hacienda y limitaron la oferta efectiva en determinados momentos, sumando presión sobre los precios.
Demanda internacional firme
Mientras la oferta local se contraía, la demanda externa se mantuvo elevada. Países como China, principal comprador de carne argentina, continuaron absorbiendo volúmenes importantes, especialmente de animales pesados.
Los altos precios internacionales funcionaron como referencia para el mercado doméstico. El valor del novillo exportable impactó en el precio del ganado gordo y, por arrastre, en los cortes destinados al consumo interno.
En un mercado integrado al comercio global, el diferencial entre exportación y mercado local tiende a acotarse, lo que traslada las tensiones externas a las góndolas argentinas.
El maíz, un factor secundario
Aunque el maíz es un insumo clave en la producción ganadera, especialmente en sistemas de feedlot, su incidencia en el costo total no resulta determinante para explicar la magnitud del aumento reciente. El informe señala que el encarecimiento del grano no fue el principal motor de la suba, que estuvo impulsada sobre todo por la menor oferta estructural y la firmeza de la demanda externa.
Un escenario de ajuste lento
El mercado ganadero tiene tiempos biológicos que no permiten respuestas inmediatas. La recomposición del rodeo lleva años y depende de condiciones climáticas favorables, previsibilidad económica e incentivos productivos claros.
En ese contexto, el incremento del precio de la carne aparece como el resultado de un proceso acumulativo: sequía, inundaciones, liquidación de stock, dificultades logísticas y exportaciones sostenidas.
Mientras tanto, el impacto se siente en el consumo interno, donde la carne —producto emblemático de la mesa argentina— enfrenta un nuevo desafío de accesibilidad en un escenario de ingresos ajustados y costos en alza.
