
Nucleoeléctrica Argentina resolvió avanzar con una nueva iniciativa nuclear en parte del terreno previsto para la cuarta central del país. El proyecto contempla una inversión privada estimada en US$ 1.203 millones y está vinculado con Meitner Energy, que propone desarrollar un reactor modular ACR-300. La decisión abre interrogantes sobre el futuro de la industria nuclear nacional.
El Gobierno nacional modificó el rumbo del proyecto Atucha III, la central nuclear que estaba prevista en el complejo de Lima, partido bonaerense de Zárate, con tecnología Hualong One y financiamiento de China. El 23 de septiembre, la asamblea de accionistas de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA) resolvió dejar sin efecto los proyectos Candu y Hualong y, en la misma reunión, declaró de interés empresarial la construcción de un nuevo reactor en una parte del predio originalmente reservado para la central.
Según las actas difundidas por Página/12, la decisión se fundamentó en la “falta de asignación de recursos económicos e imposibilidad material de cumplimiento”, en el marco de la emergencia pública establecida por la Ley 27.742.
La resolución también autorizó avanzar con una licitación para una iniciativa que prevé una inversión estimada en US$ 1.203 millones, con capital privado y sin fondos ni avales públicos. El proyecto contempla la utilización de 12 hectáreas del complejo nuclear de Atucha mediante la figura jurídica del derecho real de superficie.
La iniciativa está vinculada con Meitner Energy, empresa creada en 2024 que impulsa el desarrollo del reactor modular ACR-300, de aproximadamente 300 megavatios eléctricos. La propuesta contempla que Nucleoeléctrica pueda asumir la operación y el mantenimiento de la instalación.
Dos proyectos con características diferentes

Atucha III había sido proyectada como una central de gran escala, con tecnología china Hualong One. El esquema acordado contemplaba financiamiento proveniente de China y una importante participación de la industria nacional en la provisión de componentes y servicios.
La alternativa promovida por Meitner Energy plantea un reactor modular de menor potencia, con una inversión privada estimada en poco más de US$ 1.200 millones. La diferencia no se limita al origen de los fondos: también cambia la escala de generación y el esquema de desarrollo tecnológico.
El ACR-300 todavía no cuenta con antecedentes de operación comercial. Por eso, su concreción depende de que el diseño avance por las etapas de desarrollo, evaluación, licenciamiento y construcción correspondientes. En cambio, el Hualong One ya cuenta con unidades en operación comercial en China y Pakistán.
La comparación entre ambas propuestas requiere considerar no solo la inversión inicial, sino también los plazos de construcción, los costos finales, las condiciones de financiamiento, la transferencia de tecnología y la participación de proveedores argentinos.
El uso de las tierras y el papel de Meitner Energy

Uno de los puntos centrales de la decisión es la utilización de 12 hectáreas del predio de Nucleoeléctrica. La resolución contempla otorgar un derecho real de superficie, una figura jurídica que permite a un tercero desarrollar y mantener construcciones sobre un terreno ajeno bajo determinadas condiciones.
La medida no equivale, por sí misma, a una transferencia de la propiedad del terreno. Sin embargo, el alcance concreto de los derechos que se otorguen, su duración y las obligaciones de las partes serán aspectos relevantes para evaluar las condiciones en que se desarrollará el proyecto.
Meitner Energy está vinculada con el empresario Hamid Ansari, quien posee el 60% de la compañía, mientras que el 40% restante corresponde a Black River Technology, asociada a INVAP. La propuesta plantea una participación de Nucleoeléctrica en la operación y el mantenimiento del reactor, mientras que el desarrollo tecnológico se vincula con el diseño del ACR-300.
La licitación y sus condiciones serán determinantes para conocer cómo se seleccionará al eventual desarrollador, qué compromisos asumirá y qué responsabilidades corresponderán a cada parte.
Un debate sobre el futuro nuclear argentino

La decisión se produce en un contexto internacional de renovado interés por la energía nuclear. En junio de 2025, el Grupo Banco Mundial y el Organismo Internacional de Energía Atómica formalizaron un acuerdo para colaborar en el uso seguro y responsable de esta fuente de energía en países en desarrollo. Entre los ejes de trabajo figuran la extensión de vida útil de centrales existentes y el análisis de reactores modulares pequeños.
Argentina cuenta con una trayectoria de varias décadas en investigación, desarrollo y producción de tecnología nuclear. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), INVAP y otras instituciones nacionales participaron en proyectos de investigación, producción de combustibles, aplicaciones médicas e industriales y desarrollo de reactores.
En ese marco, la cancelación del esquema previsto para Atucha III y la apertura a una iniciativa privada plantean preguntas sobre el lugar que ocuparán las capacidades nacionales en la próxima etapa del sector. Entre los aspectos que deberán aclararse figuran la participación de proveedores locales, el acceso a la propiedad intelectual, las condiciones de transferencia tecnológica y el papel de los organismos públicos.
También está en discusión la situación de otros desarrollos nacionales, como el reactor modular CAREM, impulsado por la CNEA, cuyo avance ha enfrentado dificultades presupuestarias y de ejecución.
La decisión sobre Atucha III, por lo tanto, no solo modifica el proyecto previsto para el complejo nuclear de Zárate. También abre un debate sobre el modelo de desarrollo del sector: qué tecnologías se priorizarán, cómo se financiarán las nuevas instalaciones y qué participación conservarán el Estado y la industria argentina en una actividad estratégica.






