El partido Justicialista de General Alvear rechaza las expresiones vertidas por el Dirigente José Luis Mammarella

“Queremos por este medio rechazar las expresiones vertidas por el Delegado Regional de Federación Agraria Argentina Distrito 9 Sr. José Luis Mammarella, en las cuales manifiesta una reivindicación de la dictadura militar al sostener que en ese período había menos pobres que con la democracia”, comienza diciendo el comunicado que lleva las firmas del presidente del partido justicialista de Alvear, Bernabe Leinnen, el vice, Gaudencio Fernández y el secretario general, José María Vivas.

“Consideramos que la democracia es un logro obtenido con el esfuerzo de toda la sociedad Argentina, sin distinción de banderías políticas y que no debe ser menospreciada precisamente por representantes de una organización tan importante como la Federación Agraria Argentina, conocedora de los sinsabores producidos por esa nefasta época.

Asimismo notamos que las manifestaciones esgrimidas se encuentran en consonancia con la postura de sectores políticos y medios hegemónicos que tratan de confundir a la comunidad, atribuyéndole la responsabilidad de las usurpaciones o tomas de tierras al Poder Ejecutivo, cuando en realidad quien debe tomar las medidas vinculadas a esos hechos es nada menos que el Poder Judicial.

Concluimos que ningún Presidente, Gobernador o Intendente tiene la facultad de ordenar el desalojo de los predios tomados, siendo resorte exclusivo de Jueces y Fiscales”. 

Novelar al peronismo y sus desaparecidos

La nueva novela de Gabriel Russo contiene tres historias, el secuestro de Felipe Vallese constituye el primer relato y sirve de base para el resto que se desarrollan en los años de plomo de la dictadura cívico-militar de 1976.

Gabriel Russo (@GabrielRusso) es peronista, haedense e hincha de Racing. Son las tres características que suele mencionar cuando debe hallar una definición sobre su persona. Militó en el periodismo en medios argentinos y latinoamericanos. Supo radicarse en La Nación, Telam, Radio Continental, Radio Nacional, América, Splendid, ATC. Se desempeñó entre los medios más destacados hasta la actualidad, que lo encuentra con su programa Comunas AM, en radio 1050; y Comunas TV.

Con Los muertos que no se pueden decir el escritor Gabriel Russo da a luz su segunda novela, género que inauguró con La hija de Jauretche, con la que guarda algunas similitudes de  escritura. Hay un estilo que se afianza y también el mismo intento de “mostrar” a través de novelar la Historia.

En esta obra ronda la idea de que esos muertos NN fueron compañeros y compañeras peronistas que lucharon contra gigantes en las diferentes épocas “de plomo” que atravesó la Argentina.

Jamás imaginé que el secuestro y la desaparición de mi padre, un día podía ser inspiración de un escritor con sensibilidad e imaginación para colocar en un crisol tantos condimentos y poder recrear una historia tan interesante y con parte de nuestra historia de país y militancia.” comenta Felipe Vallese (hijo) en la contratapa del libro.

El título se encuentra disponible en librerías y en el sitio web de Ediciones CICCUShttps://www.ciccus.org.ar.

Gabriel Russo

Peronista, haedense e hincha de Racing son las tres características que suele mencionar Gabriel Russo cuando debe hallar una definición sobre su persona. Nació en los confines de la década de 1950, bajo el signo de sagitario e hijo de Noemí y Francisco. Militó en el periodismo en medios argentinos y latinoamericanos. Supo radicarse en La Nación, Telam, Radio Continental, Radio Nacional, América, Splendid, ATC. Se desempeñó entre los medios más destacados hasta la actualidad, que lo encuentra con su programa Comunas AM, en radio 1050; y Comunas TV. Dirige la revista Comunas del País desde 1999. Su primer libro fue, ese mismo año, «Menem lo dijo». En el 2003 apareció «Los simuladores», en el 2008 y 2010 surgieron «La calle, historia de movileros I» y «La calle, historia de movileros II», en coautoría con Edgardo Miller. Ambos libros obtuvieron el premio Faro de Oro. En el 2016 apareció «Relatos del pensamiento nacional». Un año más tarde «Fallidos liberales, relatos nacionales», en coautoría con Claudia Bustamante, y «Memorias de un choripán». En 2018 presentó «Compañeros (Un libro peronista)» en coautoría con Susana Martino, y en 2019 la novela del pensamiento nacional «La hija de Jauretche». Sus dos hijos, Matías y Nicolás, trabajan junto a él en Comunas AM, y su compañera, Claudia Bustamante, es directora de la Agencia Comunas. Escuchar música en el winco, leer a Jauretche, Scalabrini Ortíz, Perón, Arregui, Wimpi marcan su distinción cotidiana. A excepción del domingo, día de juntarse con los hijos para ir al cilindro albiceleste luego del clásico asado.

Bolivia colapsada

Bolivia, a 100 días de cuarentena, reporta hasta el 24 de junio 27.487 contagios, 876 muertes y un promedio de 1000 contagios por día. El sistema sanitario colapsó en Beni y Santa Cruz, y es inminente el colapso de Cochabamba y La Paz. Estos cuatro departamentos concentran el 92% de los contagios, y Santa Cruz con el 60% de contagios es el foco.

Por Verónica Zapata, periodista y psicóloga boliviana para Del Pueblo Noticias

Bolivia es el único país de la región que atraviesa la pandemia con una dictadura, y se dirige, sin una política de Estado de prevención y de contención del Covid-19, al colapso absoluto a nivel nacional. No se cuenta con un plan de contingencia coordinado ni con un comité científico idóneo, y hay demanda urgente de médicos especialistas, insumos y equipos de salud. Lo que la presidenta de facto Jeanine Áñez realiza es la mera administración de cifras oficiales de contagios y muertes.

Tres ministros de salud se han relevado durante la cuarentena, que presentaron su “plan estratégico” en base a promesas de adquisiciones de insumos y equipos de salud, que no se verifican en la realidad. Áñez no cumplió con el objetivo de la cuarentena de abastecer al sistema sanitario de insumos, equipos de salud, infraestructura, contratación de personal, para atender la gran demanda que se podía producir.

No hay coordinación de acciones entre el nivel central y los niveles gubernamentales y municipales, tampoco con los diversos sectores de la sociedad, lo que hace imposible entablar un abordaje serio de contingencia.

El “comité científico” no posee idoneidad, porque de su composición se excluyó a seis sociedades científicas de medicina crítica, terapia intensiva, medicina interna, infectología, neumonología, pediatría y a la Universidad Mayor de San Andrés (U.M.S.A.) de Bolivia. Está conformado por ocho médicos sin experiencia en la materia, y cuyo presidente era el yerno de Añaez, Mohammed Mostajo, quien fungía de asesor, definía las acciones del plan contra el Covid-19 y la compra de insumos y equipos. Hoy implicado en el “caso de corrupción, respiradores”, se fugó a EE.UU. bajo el argumento que “su trabajo como asesor había terminado”, en pleno colapso sanitario.

Áñez no cumplió con el objetivo de la cuarentena de abastecer al sistema sanitario de insumos.

Desde el inicio de la cuarentena se registraron en el país numerosas marchas de médicos suplicando por insumos y equipos de bioseguridad, capacitación, contratación de personal. También los alcaldes reclamaron que se les gire el presupuesto correspondiente para abonar los sueldos atrasados de los médicos.

El departamento de Beni, de donde es oriunda Áñez, se encuentra colapsado y un 50% de sus médicos llegó a contagiarse, según Jorge Gómez, director del servicio departamental de salud (S.E.D.E.S.) debido a la falta de equipos de bioseguridad. Trinidad, su capital, es el foco. El 22 de mayo el gobernador de Beni declaró el desastre sanitario y tuvo que pedir ayuda a un distrito limítrofe con Brasil. Recién el 25 de mayo, una delegación de seis ministros integrado por la actual ministra de salud, Eidy Roca, arribaron a Beni con 10 ambulancias y donaciones de la O.N.G. “Mano a mano” de insumos de bioseguridad y tres avionetas ambulancias.

De tal forma, venden una imagen de una Bolivia “pobre” que sobrevive con donaciones. Añez acusa a Evo Morales por la “herencia recibida”. En Bolivia, el presupuesto en salud hasta el 2005 era de 362 millones de dólares. En 13 años, Evo lo multiplicó por siete a 2.600 millones de dólares. Entre 1825-2005, época republicana, había 2.870 hospitales en el país.

Entre el 2006-2018, Evo construyó 1.061 hospitales. La contratación de personal de salud de 1825- 2005 era de 17.175 ítems, se incrementó del 2006-2018 con 18.550 ítems, llegando al total de 35.725. Sólo 579 ambulancias había en todo el país al 2005, Evo las incrementó a 2.076. Se implementó el Sistema Único de Salud (S.U.S.) garantizando la atención sanitaria universal y gratuita al 51% de las y los bolivianos que no poseían seguro de salud.

Se realizó transferencia de tecnología del INVAP argentino a tres centros de oncología de Bolivia, algo inédito en la historia del país. Médicos bolivianos fueron becados a especializarse a Cuba, Rusia, Argentina, China. Estaba estipulado para el 2020 la creación del ministerio de Ciencia y Tecnología, que quedó trunco pos Golpe de Estado.

Hay 20 hospitales de 2° y 3° niveles que Morales dejó próximos a inaugurar, que no son utilizados, lo mismo sucede con las avionetas ambulancias que se adquirieron.

El 10 de marzo se registró el primer caso en el país, y el 22 de marzo se declaró la cuarentena. El 1 de junio el país implementó la “cuarentena dinámica”, con el fin de abrir diversos sectores de la economía como ocurre en diferentes países que empezaron a flexibilizar su cuarentena, y en simultáneo controlan la curva de contagios.

En Bolivia sucedió algo insólito, el Gobierno central, sin plan de salida gradual de la cuarentena rígida, se desligó de su responsabilidad de contención frente al Covid-19, y la trasladó a las gobernaciones y alcaldías. Diversas regiones se auto encapsularon al ver avanzar sus niveles de contagio.

En La Paz y Cochabamba se cerraron varios hospitales, entre ellos el Tórax y el Viedma, por el contagio masivo de personal que no se reemplazó, y se volvió a endurecer la cuarentena esta semana.

Estas muertes se deben a la imposibilidad de recibir atención médica ante la saturación de los hospitales”.

Resultado del desgobierno de Áñez: se reportaron 10 muertos en las calles, algunos de ellos en las puertas de los hospitales y otros en sus casas sin recibir atención médica. Las imágenes recuerdan la cruda realidad de Guayaquil., en Ecuador.

Uno caso demoledor ocurrió en Cochabamba con el cadáver de un hombre en la calle que peregrinó por siete hospitales durante cinco horas solicitando asistencia, sin lograrlo. Otros casos se registraron en Beni, Santa Cruz y La Paz. El 24 de junio, un paciente con Covid-19 se suicidó al complicarse su cuadro a falta de medicamentos, y se lanzó del tercer piso del hospital Solomon Klein, en Cochabamba.

Por otro lado, el 20 de junio el Instituto de Investigaciones Forenses reportó 50 muertes diarias en los domicilios por insuficiencia respiratoria en Santa Cruz, a la espera de confirmar si son positivos.

En Cochabamba se reportaron 13 cuerpos en sus domicilios y se habilitaron fosas comunes por el colapso del horno crematorio para cuerpos no identificadas.

El ministro de obras públicas Iván Arias afirmó que las muertes reportadas en las cales ocurrieron porque hay personas que “esperan hasta último momento para ir al hospital”.

En contraposición, la C.I.D.H. sostuvo: “Estas muertes se deben a la imposibilidad de recibir atención médica ante la saturación de los hospitales”.

El país requiere insumos y equipos de salud.

Según la sociedad boliviana de medicina crítica y terapia intensiva (S.B.M.C.T.I.), en el país hay 210 médicos intensivistas y se precisa duplicar esta cifra.

Sin embargo, Áñez no permite la entrada de médicos cubanos. Sólo se cuenta con 100 camas destinadas a Covid-19, cuando se requieren 700 en todo el país. Al respecto, el 16 de abril, Mohammed Mostajo, embajador de Ciencia y Tecnología, anunció la compra de 500 camas de unidades intensivas y 450 mil reactivos.

Las camas nunca llegaron, y luego de casi dos meses, recién el 3 de junio, llegaron sólo 70 mil reactivos. Los ex ministros de salud Aníbal Cruz y Marcelo Navajas prometieron hace tres meses 500 respiradores, pero llegaron el 15 de mayo 170 respiradores con sobreprecios, e inservibles para pacientes críticos con Covid-19.

El 22 de junio se conoció la compra de sólo 10 respiradores que desaparecieron, y otra vez con sobreprecios.

En el país hay faltante de reactivos desde el inicio de la cuarentena, y las pruebas se restringieron a pacientes con “toda la sintomatología activa”, de tal manera Bolivia pasó a ser el país de la región que menos pruebas realizan.

Las insuficientes pruebas que se realizan, llegan pos mortem luego de más de una semana, porque deben ser trasladados por tierra a los laboratorios de Cochabamba, Santa Cruz y La Paz. Recién hace un mes, se pusieron en funcionamiento laboratorios en Tarija, Beni y Chuquisaca.

El colapso en los laboratorios es inminente por falta de personal. El Centro Nacional de Enfermedades Tropicales (C.E.N.E.T.R.O.P.), el laboratorio más importante de Santa Cruz, se declaró en emergencia al no recibir los termocicladores requeridos para procesar las pruebas, y tiene cuatro mil análisis en espera.

Lo llamativo es que en el país hay 33 laboratorios, según lo anunciado el 16 de abril por Mohammed Mostajo: 23 pertenecientes al programa H.I.V. y tuberculosis y 10 donados por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (P.D.N.U.), lo que permitiría tener tres laboratorios en los nueve departamentos del país.

Por otro lado, en las clínicas privadas las pruebas cuestan un promedio de 150 dólares, por lo que Bolivia es el segundo país de la región de mayor costo en los test.

Por si fuera poco, el 18 de junio Áñez, quien sostiene un falso discurso de preocupación por la salud, evitó la entrada de un avión de China, con una carga con sobreprecios de hasta el 400% de 1.600.000 insumos de bioseguridad: 800 mil barbijos, 500 mil barbijos N95, 200 guantes, 50 mil overoles, 5 mil termómetro, 20 mil gorros y 10 mil lentes, que tenían como destino a empresas privadas y al Ministerio de Energía que intervino en la compra. El vuelo se canceló para evitar otro escándalo de corrupción ante la filtración de la información.

Administración macabra de cifras epidemiológicas para evitar elecciones.

Al principio de la cuarentena, las cifras epidemiológicas del país eran bajas y se vendieron como un “éxito”.

De repente, cuando el pueblo boliviano puso en agenda la demanda electoral, en simultáneo las cifras oficiales se dispararon, y Eidy Roca, actual ministra de Salud, proyectó más de 130 mil contagios para la fecha de las elecciones del 6 de septiembre, casi triplicando las proyecciones del ex ministro de salud Aníbal Cruz de 48 mil contagios.

Nos encontramos con que el golpismo administra desde el principio de manera macabra las cifras epidemiológicas en función de intereses y cálculos electorales, con el fin de evitar las elecciones en el país.

Si bien es real y esperable el aumento de los contagios que aún no han llegado a su pico en el país debido a la inacción del Gobierno de facto, se desconoce con exactitud las cifras epidemiológicas, no sólo porque no se realizan las pruebas masivas y hay muchas a la espera de los resultados, también porque Áñez oculta y manipula sistemáticamente información al respecto.

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