El lado oculto de la Famiglia Macrì

Este libro pone el foco sobre aspectos poco estudiados en el mundo contemporáneo. Analiza el crecimiento exponencial de la economía ilícita en las últimas décadas, en especial el narcotráfico, la trata de personas, los fraudes sistemáticos en contrataciones públicas, el lavado de dinero y el contrabando. Y como consecuencia de ello, la fuerte presencia de nuevos actores en la sociedad, los grupos del «crimen organizado», que empiezan a tener influencia notoria en las instituciones políticas.

Los artículos del economista Jorge Beinstein, profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata y profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UBA, recientemente fallecido, ponen el acento en la mutación del capitalismo mundial, caracterizada por este gran avance de la economía ilícita, en desmedro de la economía productiva, y que fue la antesala de regímenes autoritarios, como los de Michel Temer, Mauricio Macri o Enrique Peña Nieto.

Daniel Cieza destaca la interrelación entre la economía ilícita y la informal, con vasos comunicantes con la economía legal. Estudia casos concretos de las ramificaciones desde Calabria hacia América Latina de la emblemática «Famiglia Macrì».

Los profesores universitarios Horacio Rovelli, Mónica Arca Vaca, Marcelo Langieri y Carlos Cleri, que trabajaron con Jorge Beinstein, rinden homenaje a su legado. Este libro se dedica a su memoria.

Es este otro libro de Editorial CICCUS que se puede adquirir online ingresando en: https://ciccus.org.ar/libro/el-lado-oculto-de-la-famiglia-macri/

Raimunda Torres y Quiroga: pionera de la literatura fantástica

Raimunda Torres y Quiroga fue una pionera de la literatura fantástica argentina, que entre 1876 y 1884 publicó numerosos relatos fantásticos y de terror en periódicos y revistas literarias de Buenos Aires y del interior.

Algunos comparten una misma estructura: un hombre asesina a una mujer inocente, llevado por sus celos, por una incitación diabólica o simplemente por su índole violenta; luego, es castigado por el espectro de la muerta. El hecho de que siempre el victimario sea un hombre y la víctima una mujer acusada de forma injusta y que suele ser su esposa (en algunos casos se agrega el detalle de que la mujer era golpeada con frecuencia), refleja que la intención de la autora no sólo era generar terror sino también denunciar el problema de la violencia machista.

Los agentes sobrenaturales que persiguen a los hombres violentos pueden ser vistos como una fantasía femenina de venganza, que busca en el más allá la justicia que la sociedad humana no proporciona. Lo cual es un posicionamiento explícito en contra de la falta de leyes adecuadas en el período contra lo que hoy llamaríamos violencia de género.

También fue una activa militante del feminismo (llamado por aquel entonces emancipacionismo), ya que en numerosos ensayos hizo reclamos a favor del derecho de la mujer a la educación y al ejercicio de los mismos trabajos que el hombre. Esa militancia le generó varios enfrentamientos con sectores más conservadores del ambiente literario, lo que es estudiado en detalle en este libro.

Torres y Quiroga era completamente desconocida para la crítica y la historiografía literaria, por lo que la publicación de estas Obras completas (apoyadas por un minucioso aparato crítico consistente en numerosas notas a pie de página y en un extenso estudio preliminar) constituye un necesario rescate que cambiará el mapa de la literatura argentina.

En una compilación, estudio preliminar y notas de Carlos Abraham, Editorial CICCUS publica en dos tomos las obras completas de la escritora. Más información en: https://ciccus.org.ar/libro/raimunda-torres-y-quiroga-tomo-ii/

Arte y aislamiento

En estos días, aislarnos es nuestra condición para salvar el mundo pero por mucho tiempo fue la temática favorita de los románticos, metafísicos y surrealistas, también de los expresionistas. Aquí un recorrido por distintas obras de arte que aluden al aislamiento. Por Gabriela Margarita Canteros.

Por Gabriela Margarita Canteros

“Quedate en casa” repiten decenas de artistas a través de las redes sociales y se ha convertido en el leitmotiv que nos representa por estos días. Sin embargo, el aislamiento, es una temática a la que varias corrientes artísticas recurrieron en forma asidua y uno puede trazar una senda a través de su historia.  

Comenzamos con el romanticismo de Caspar David Friedrick instalándonos en las cimas de escarpados montes para decir desde la más absoluta soledad y aislamiento que hay mundo interior, profundo e infinito, el cual debemos explorar para reconocernos a nosotros mismos. El caminante sobre el mar de nubes, tela de Friedrich, es pieza clave del romanticismo en la pintura.

Los artistas del expresionismo y los de el posimpresionismo (como es el caso de Edvard Munch) exploran los límites psicológicos de la soledad tortuosa, esos personajes aislados no sólo por la enfermedad física sino también por los trastornos psicológicos; El Grito es el hombre que se aísla producto de su propio temor a la muerte, que en esos días era común en los enfermos de tuberculosis en Europa.

Otro grande de grandes post mortem es Vincent Van Gogh y el tendrá en sus personajes, sin duda, la exploración de la soledad y la vida bohemia que implicaba el reconocimiento solitario de las técnicas creativas que, en su caso y en otros, no terminaba necesariamente bien para nuestro héroe pero si para los dichosos ojos que hoy disfrutamos de sus producciones. El personaje principal del aislamiento social es el propio Van Gogh en su obra cumbre de la soledad: Autorretrato con oreja cortada.

Los metafísicos como Giorgio de Chirico, cuya pintura no tiene igual pero que su inclinación política posterior nos deja un artista ensombrecido, como también los surrealistas y muchos pero muchos artistas de la llamada vuelta al orden explorarán la soledad y el aislamiento de los seres humanos en universos psicológicos o cotidianos, apocalípticos o triviales donde los sujetos por opción propia o producto de sus temores sociales se sumergen en el más profundo aislamiento: Plaza de Giorgio de Chirico, La bañista de Raquel Forner, La Soledad de Forner, Soledad de Salvador Dalí, entre otros.
En cuanto a un gran innovador argentino, ha llegado la oportunidad de mudarnos a La Ciudad Hidroespacial de Gyula Kosice, un universo pulcro, libre de gérmenes donde el aislamiento, el aseo, el agua y la luz son protagonistas de un futuro visionario y excéntrico, propuesta en el siglo XX para solución del mundo que hoy nos toca.

El arte dando respuestas antes de tiempo y el mundo esperando ser. El aislamiento es, en parte, la oportunidad de repensar nuestra vida cotidiana. ¿Volveremos más sabios y más distantes?

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

¿Charly ve el futuro?

Repasando la nota del psiquiatra Rodrigo González Yebra y al posteo del Zorrito Von Quintiero, en la que reflexionan sobre “Yendo de la cama al living” de García y su relación con la situación actual de encierro, se plantea el desafío de profundizar sobre la temporalidad de su fructífera obra artística.

Por Fernando García*

Existe consenso acerca que ciertos artistas que poseen la sensibilidad de abordar cuestiones socialmente relevantes que nos nos lleva a expresar frases tales como “tal músico lo sabía”, o “lo predijo”.

En este punto, cabe recordar algunos de los temas como Canción de Alicia en el país en el que se describen los excesos del terrorismo de Estado en una multiplicidad de aspectos, o más explícitamente en Los dinosaurios cuando se hace referencia a los vuelos de la muerte.

En la obra de Charly se aborda una heterogeneidad de cuestiones que inquietan al sujeto en aspectos más profundos, como por ejemplo el paso del tiempo: en Reloj de plastilina Charly lamenta que “fui lo que creí, soy lo que esta pasando […] nadie pudo ver que el tiempo era una herida, lastima nacer y no salir con vida ”. O el miedo y el rechazo a la otredad (en No te mueras en mi casa se ordená “andá a la esquina a ver si llueve, buscate un bar abierto que aún se puede, tomate un whisky a ver si se te pasa, pero, por favor no te mueras en mi casa”). 

Probablemente en algún momento de estos días -exasperantemente iguales- hicimos un asado; amasamos pizzas o abrimos una botella de vino, en todos los casos para uno, dos o tres que convivimos bajo el mismo techo de la cuarentena. Mas allá del número de comensales, lo esperable es que hayamos percibido un sabor a poco en la situación, en dichos de Charly, por resultar víctimas de la soledad o de un mal extraño (Víctima) comprobando que la felicidad no existe en soledad (La máquina de ser feliz). 

Las particularidades del modo de contagio del Covid-19 (dar la mano, besar, abrazar o cualquier situación de cercanía corporal) nos lleva, sólo por esta vez justificadamente, a ver al otro como una amenaza. Se podrá sostener que la situación actual es de carácter excepcional y sus consecuencias en muchos casos fatales, pero no deja de llamar la atención que el virus se propague por la cercanía con los demás.

Sin perjuicio del coraje que ostentan los ejemplos citados en primer término, el denominador común en muchos temas de Charly es el abordaje de cuestiones que hacen a la fibra íntima de una franja de argentinos mayoritariamente nacidos en un lapso de 30 años (entre la década del 50 y del 80 del siglo pasado, por poner un limite temporal siempre arbitrario y provisorio).

También podrá ser que tanto la angustia, la insatisfacción, el miedo y el individualismo sean también atemporales, lo que lleva a contestaciones de perogrullo (también perdurables en el tiempo) como “que de esta se sale más fuerte”; “lo que no te mata te fortalece”, “seremos mejores después de esto” o que “valoraremos lo realmente importante”, entre otras.

La experiencia nos lleva a ser poco optimistas en cuanto al aprendizaje como sociedad ante emergencias de gravedad, por lo que no queda más que celebrar la existencia de estos artistas que permiten experimentar sentimientos muy íntimos sin preguntarnos cuando, sabiendo que sus creaciones pueden surtir efectos un nuestra sensibilidad varias décadas después, lo mismo ante un desencuentro amoroso, una traición o una pandemia.

* Abogado. fngarcia87@gmail.com Foto: Uberto Sagramosso

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

La construcción social y política de la cuestión ambiental en Argentina

La reconocida socióloga Gabriela Merlinsky compila el tercer tomo de Cartografías del conflicto ambiental en Argentina. En las páginas de este libro se hacen presente las voces y acciones colectivas de los movimientos que reclaman por la justicia ambiental.

La construcción social y política de la cuestión ambiental en Argentina es uno de los fenómenos más destacables de nuestro tiempo. Cartografías del conflicto ambiental en Argentina III reúne múltiples miradas que contemplan los reclamos por el acaparamiento de bienes comunes, la resistencia al centralismo de los gobiernos nacionales y provinciales, los derechos indígenas y campesinos, los feminismos y ecofeminismos y la defensa de los territorios.

En los textos que componen este libro hay preguntas centrales para pensar nuestros escenarios de futuro: ¿quién está considerando a las futuras generaciones? ¿cuáles son los criterios de justicia ambiental que deberían orientar las decisiones comunes? Estos interrogantes abarcan otros tantos que tienen que ver con la salud y las opciones productivas a largo plazo en los territorios.

Este libro es el resultado de diferentes investigaciones realizadas durante más de una década entre estudiantes, becarias, becarios, investigadoras, investigadores y diversos colectivos que apuestan por la construcción colaborativa de conocimiento en la universidad pública. Se trata de una comunidad que produce resultados científicos en clave de lo común, que asume un compromiso con expresiones disidentes y que sabe perfectamente que el valor más importante, el elemento dinámico en los conflictos ambientales, refiere a la defensa de la vida.

Los artículos se centran en el estudio de acciones territoriales, políticas y económicas tanto de empresas privadas como estatales, en torno a la minería, los hidrocarburos, los biocombustibles, los agronegocios, las represas y los mercados inmobiliarios.

Los autores y las autoras analizan los efectos de estas acciones, en sus dimensiones ambientales, territoriales, económicas (despojo, apropiación y acaparamiento de bienes comunes), sociopolíticas (reducción de espacios de participación y cooptación social), poblacionales y de salud (contaminación e intoxicación).

El libro desafía el dominio hegemónico de una mentalidad extractiva que ve en el mundo natural una fuente de recursos para usar y descartar.

Se puede adquirir en librerías y en el sitio web de Ediciones CICCUS: www.ciccus.org.ar

Nasha Natasha: ¿por qué Natalia Oreiro causó una revolución en Rusia?

Dirigido por Martín Sastre y transmitido por Netflix, el documental revela por qué la actriz y cantante uruguaya es una de las personas más queridas al otro lado del planeta. A través de las telenovelas, la artista irrumpió en la vida de miles de jóvenes que la convirtieron en una diva soviética. 

Por Carolina Micale

Nasha Natasha era, hasta hace poco, un nombre desconocido. Paradójicamente, nuestro país resuena al otro lado del mundo bajo ese nombre. Ni el tango, ni el asado, ni Messi, ni Maradona. Cuando alguien habla de Argentina en Rusia, habla de Nasha Natasha.

Y es que así se conoce a Natalia Oreiro en el territorio más extenso y con las temperaturas más bajas del mundo. Un país que conocemos muy bien por su historia bajo el nombre de la Unión Soviética, pero que a su vez nos queda muy lejano, entre la distancia y la cultura.

Parece una excepción, entonces, que una artista nacida en Uruguay, que viajó a Buenos Aires para dedicarse a la actuación, hoy sea adorada en ese lado del mapa como una Madonna “argentina”. Tanto que, además, cuenta con un documento que la bautiza como siberiana. Si en nuestro país es una artista muy querida, en Rusia es un ícono de la música, del arte y de la representación femenina.

Nasha Natasha, el documental dirigido por Martín Sastre (el mismo director de Miss Tacuarembó), se estrenará este 6 de agosto por Netflix y vino a responder algunas dudas sobre un fenómeno que trasciende la cultura y, para algunos, la razón. A bordo del tren transiberiano, Sastre retrata el camino blanco y helado que recorre Oreiro entre ciudad y ciudad, para ser recibida por miles de personas en cada oportunidad, entre carteles, regalos y matrioshkas con su cara.

En paralelo a ese tren, el largometraje retrocede en el tiempo, a la historia de Natalia en Montevideo, y se detiene para escuchar los testimonios de familiares, amigas y compañeros de trabajo. También de Ricardo Mollo –su marido, y cantante de Divididos– y de Facundo Arana, su compañero de Muñeca Brava, una novela que marcó un antes y después en la carrera de Oreiro, y la convirtió en Nasha Natasha.

El film recuerda a una Natalia adolescente, que fue seleccionada para participar de una publicidad de tampones en donde un grupo de varones la miraba pasar. El concepto principal era que, teniendo esos tampones, nadie se iba a dar cuenta de que una chica estaba menstruando al mirarle la cola. En esa época también parecía una buena idea no hablar explícitamente del periodo menstrual y, de paso, sexualizar a una adolescente. En el documental, mencionan cómo esta publicidad causó, además, que le hicieran bullying en el colegio. Sin embargo, a pesar de ese comienzo –que si pasara en la actualidad debería ser repudiado–, tiempo después, llegó a ser en una “Paquita de Xuxa” y su carrera seguió creciendo.

Al llegar a la Argentina en busca de su sueño, la chica del Río de la Plata comenzó a ganar popularidad en base a su talento, su trabajo y ese no sé qué que tienen algunas –pocas– personas. Algo que tuvo Lolita Torres, con un carisma que traspasó La edad del amor y la convirtió en otro ícono de Rusia durante la década del 60. Las nietas de quienes admiraron a Lolita, años después, crecieron con Natalia y la hicieron su ídola.

Pero las preguntas siguen dando vueltas. Queda pendiente algo que explique cómo logró ser más conocida que Messi durante el último mundial. Algo que revele por qué decenas de rusos cantan y bailan las canciones de Gilda mientras ella se las enseña –como también les enseñó a hablar español, mediante sus novelas y canciones como “Tu veneno”, “Me muero de amor”, “Cambio dolor” y “Que digan lo que quieran”–.

La respuesta, aunque parece simple, es parte de algo un poco más complejo: se trata de ser parte de la vida de alguien, en el lugar y momento indicado. Y de representar a la mujer que miles de chicas rusas –y seguramente varios chiques– quisieron ser en aquel entonces.

Cuando Natalia protagonizó Muñeca Brava a finales de los 90, aparecía como una mujer fuerte que, a pesar de interpretar a la típica chica pobre que se enamora de un hombre rico, rompía con los esquemas de cómo debía comportarse una mujer. En el documental, algunas de sus fans señalan cómo esa telenovela iba en contra de la representación habitual que encontraban en el melodrama: mujeres débiles, sufridas, sumisas. Con el personaje de Natalia, esas adolescentes se toparon –dentro de una sociedad que, aún hoy, sigue siendo conservadora, machista, y homofóbica, bajo las políticas de Vladímir Putin– con una chica “rebelde”, que alzaba la voz, y que usaba vestidos pero también se ponía una gorra roja, un par de shorts y salía a jugar al fútbol. 

En ese entonces, la crisis económica que azotaba al país hizo que muchos adultos salieran a trabajar sin descanso. En las casas, toda una generación se crió con algunas –limitadas– telenovelas que se podían pasar por la TV, todas más o menos iguales, excepto por la historia de “La Cholito”, una chica que vino a interpelar la vida de esas jóvenes que buscaban una referente.

Nasha Natasha es el resumen de un fenómeno en sí mismo. El documental se centra en su crecimiento personal y contiene momentos emotivos de su actual familia, de su infancia y su camino. Pero la parte más atractiva de esta historia se encuentra cuando logramos entender cómo una artista latina, a través de la cultura popular, logró conquistar países como Polonia, República Checa, Rumania, Filipinas, Israel, Tahití, Grecia e Italia. Y se instaló en Rusia como una mujer que vino a mostrar lo que una chica podía hacer –y ser–, casualmente, por estar parada en la otra punta del planeta. 

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

Larga Distancia: cuánto mide la ternura

En medio de la pandemia la editorial Concreto lanzó el primer libro de cuentos de la periodista Tali Goldman. En este volumen aparece el relato “La doctora Venturini”, ganador de la Bienal Arte Joven Buenos Aires 2019.

Por Milagros Carnevale

Una palabra describe los cuentos de Larga Distancia: complicidad. Quien lea estos cuentos sentirá que está guardando un secreto. Por ejemplo, los métodos poco ortodoxos de la doctora Venturini en “La doctora Venturini” o los affairs familiares que no puede evitar saber Belisaria en “Ayuda a ella” (hermoso título, dicho sea de paso) o la orientación sexual de la tía Molque en “Las cuatro amapolas”.

Otra palabra para describir los cuentos de Tali Goldman: ternura. ¿A quién no le enternece una charla de madre e hija separadas por un océano o los mails entre dos personas mayores que están aprendiendo a transitar amablemente la vejez?

La narración es precisa y escurridiza al mismo tiempo. Algunos relatos se cortan justo cuando aparece eso que ¿pretendía? contar. Siempre se dice que los cuentos de Borges tienen las palabras justas, ni una más ni una menos, que todo es necesario. Bueno, no es necesario irse hasta Borges para leer el cuento perfecto en su economía. Ni una palabra de más ni de menos en Larga Distancia, que además logra el equilibro justo entre acción y descripción.

En todos los cuentos aparece el tema de los hijos, el cuidado, la infancia, la adolescencia. La voz narradora es infantil incluso cuando se encuentra hablando una persona grande y esto siempre favorece a la historia porque le aporta asombro, intriga, extrañeza.

La conversación. Desde hace ya tiempo en la literatura ha dejado de tener tanta prominencia la narración en tercera persona omnisciente, que todo lo ve, todo lo sabe, todo lo cuenta. El diálogo y el discurso directo han ganado terreno. En esta tradición se inscribe Larga Distancia: abre con una conversación telefónica entre madre e hija, cierra con una cadena de mails entre cuñados y transita el medio con historias íntimas contadas casi todas en primera persona, que son como confesiones, desahogos, manifiestos, recuerdos íntimos y extraños.

Por último: ¿Por qué Larga Distancia? Quizás por el océano entre Israel y Argentina. Quizás por toda la tierra entre Argentina y Nueva York. Quizás por los kilómetros entre Corrientes y Buenos Aires. Quizás por los años que pasan entre que nos dicen una mentira piadosa y nos damos cuenta de cuál era la verdad. Quizás por el tiempo que tarda un suceso en convertirse en relato.

Osvaldo Costiglia: el hablante

Veinte años de poesía de este bahiense se reúnen en un sólo volumen: El último hablante, una selección de Álvaro Urrutia, con prólogo de Guillermo David, publicada por Urania Ediciones. Un desafío de la poesía compuesta por fuera de los centros de poder cultural y pese a ellos.

Por Gerardo Burton*

Hay una conversación telefónica entre dos hombres aislados por la cuarentena y separados por más de algo más de 500 kilómetros. El virus no puede con la poesía: desde Bahía Blanca, Osvaldo Costiglia habla de su poesía, de esa atmósfera de Mediterráneo que trae a estas costas, de la escansión italiana de sus versos y los influjos de esos poetas que se meten en los mínimos entresijos que dejan las palabras. Costiglia no le esquiva el bulto a los avatares casi siempre desventajosos de la existencia, pero esa luminosidad de su poesía basta, casi siempre, para calmar la sed que lleva a mirar, tranquilamente, un acontecimiento, un pequeño animal, un árbol, una calle.

Son destacables los epígrafes que ha elegido para algunos tramos de la antología titulada El último hablante, publicada por Urania, la editorial del bibliófilo Raoul Veroni y que reúne poemas de dieciocho libros escritos en veinte años, desde el inicio del milenio hasta ahora. Es conocida la paciente labor compositiva de Costiglia: sus numerosos amigos y discípulos –casi siempre ambas cosas a la vez- mencionan la cantidad de cuadernos que almacenan sus manuscritos, y que se acumulan en su casa en un espacio compartido con una ya famosa biblioteca, además de las antologías que el poeta elabora con sus autores y autoras preferidas y encuaderna en fascículos anillados. Dice Álvaro Urrutia, el responsable de esta antología, que Costiglia recuerda con alegría su temporada en Madrid –casi una década desde 1985- y su infancia, y que su regreso a la Argentina no fue sin pena. De eso no habla en esta larga conversación; sí de su fraternidad con los poetas italianos. Tradujo, dice, un libro de Eugenio Montale –La tormenta y otros poemas– que aún está inédito, y no figura entre los que publicó en el país Horacio Armani –quizás el traductor oficial, el canónico o, al menos, el más conocido, del italiano.

Y ahora habla de esos poetas con quienes dialoga en un contrapunto calmo, delicado. Es una poesía que oscila entre la luz y la sombra de una siesta, y entonces menciona a Valerio Magrelli, que escribió una biografía de su padre titulada Geología de un padre, y quiere leerla pues lo intrigan esas capas que quizás haya en una relación así. De Magrelli, de quien recuerda un juego de palabras con su apellido – “magro, magrelli” es decir, “delgado”-, tradujo “algunos poemas”; también de Andrea Zanzotto un poeta nacido en el Véneto y es considerado uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo pasado.

Como en una espiral, casi al final de la conversación, hablará de un sueño recurrente con su propio padre; se trata de “un sueño oscuro”. Él era propietario de una confitería y bombonería en Bahía Blanca que había fundado en 1938 y que se vendió en 1972, un año después de su fallecimiento. En el sueño de Costiglia es de noche en la ciudad, sólo está iluminado el local de su padre, el resto es de una profunda oscuridad. Entonces se pregunta, “ahora, con el paso de los años, si fue por torpeza, por ignorancia o por negligencia que no conocí bien quién era mi padre”. Desde esta duda, desde esta incógnita, ahora escribe un grupo de textos que se titula, de manera provisoria, “Rescate de un padre”.

En El último hablante Costiglia construye, al menos, dos circuitos. El primero es con los epígrafes: hay citas de Arnaldo Calveyra y Aldo Oliva entre los argentinos; y de Magrelli y Salvatore Quasimodo, dos de un grupo de poetas que dialoga sin cesar con su poesía: están también Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti, Montale, Dino Campana, Umberto Saba. Acaso involuntariamente construyó un canon marginal, un centro dislocado que han elegido en el país Juanele Ortiz, José Leónidas Escudero, Juan Carlos Bustriazo Ortiz e incluso la Irma Cuña final que eludieron los grandes centros de irradiación –y concentración- de poder cultural. Costiglia está aquí.

El segundo circuito está dado por las citas o referencias internas, más o menos explícitas en los poemas. Hay menciones a Kavafis, a Bustriazo Ortiz, a Pavese, dedicatorias a poetas amigos. En ambos casos, propone un recorrido poético, quizás el mismo que él ha hecho. Justamente, en la conversación telefónica ha dicho que la antología comenzó con poemas algo más extensos, incluso narrativos, y hacia el final adquieren un sesgo ascético, con una palabra más libre de imágenes y por ello más liviana. Más liviana, no menos condensada. Cierta vez, Juan Gelman sostuvo que la poesía es palabra calcinada. Si esa afirmación no resulta exagerada, en el caso de Costiglia la palabra ha sido puesta en un altar, donde se ha transfigurado para que la poesía sea. Se convierte, así, en ofrenda pura. Qué otro lugar puede elegir un poeta cuya obra se compuso con paciencia y tozudez, en soledad y con cierta extranjería y cuya mirada sobre la realidad, sobre las gentes y sobre las palabras y los afectos concita seguidores que se definen como discípulos suyos.

A Costiglia le produce alegría recordar a sus poetas queridos. Por ejemplo, en “Pavese revisitado” da una vuelta de tuerca a la negación que Pedro hará de Jesús en Getsemaní. Está al borde de la defraudación, pero se repone: “todo era alegría”, dice, “pero de una calidad impensada”. Veamos:

Antes que cante el gallo

recorrí la casa en dos idiomas

aunque al entrar tuve miedo de un rostro furtivo

entre las páginas donde comenzó el viaje.

Me interné luego en el campo de flores de la edad

y llovió suavemente como posando

lágrimas de alegría sobre el rostro

de alguien que debí conocer

un primo de infancia que no vi más después de la cena

o la niña que cantaba en otro hemisferio.

Luego salí al patio para tocar el corazón

que cobijabas en la palma de tu mano.

No estabas y todo era alegría

pero de una calidad impensada

nunca vista.

Cuentan que, en Bahía Blanca, cuando hay una lectura de poesía, Costiglia concurre con un viejo portafolios donde lleva sus textos, llega cinco minutos antes del inicio –eso dice su antólogo, Álvaro Urrutia- y “siempre encuentra la oportunidad para leerle a alguien una poesía”. Es una poesía que transcurre con el hálito de la existencia, sin aparentemente poner o quitar nada del acontecimiento que narra, de la imagen a que alude. Eso que sugiere el poema es apenas una invitación a descomponer el camino andado por el poeta: ir hacia la fuente, volver al inicio, reconstruir el sendero donde se fue elaborando el poema. Es el desafío de retomar esa senda “que nunca se ha de volver a pisar”. Y detrás está, también, la visión política del poeta, expresada mediante “el manejo de la ironía histórica”. Así, hablará de Rosas en su campaña contra los malones, y su encuentro con Charles Darwin, y también de la comida con que Videla convidó, en mayo de 1976, a los escritores Horacio Esteban Ratti, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y el cura Leonardo Castellani.

La cena transcurría entre sonrisas formales,

tensando el temblor de las palabras

de los ilustres visitantes a la mesa dictatorial.

El tiempo se dilataba

en el frío del acero de la mirada del anfitrión,

y la soberanía de la literatura

parecía abolida.

Las admoniciones tolstoianas de uno de ellos

no osaban elevarse

al par que la ironía tan conocida del otro

era invadida por una extraña sordina.

Las miradas parecían vagar

en un desierto de arena.

De pronto, hacia los postres

un tercero puso su mano derecha

bajo el grueso cinturón militar

que apresaba su sotana

y descargó con soltura de confesor

la frase justa, con sonoridad de látigo,

la que debían haber dicho los tres al asesino

sin cena de por medio. (Cenando con lobos)

Algunos datos

Osvaldo Costiglia nació en 1940 en Bahía Blanca, Buenos Aires. Estudió en la Escuela Nacional de Comercio y luego se graduó como ingeniero químico en la Universidad Nacional del Sur. Vivió varios años en España en la década de los ochenta. Publicó Los laberintos rotativos (Madrid, 1989), Umbral del resplandor (Fondo Municipal de las Artes, 1999), Poeta de los paisajes (plaqueta, 2000) y Arquitectura celeste (Vox, 2011). Posee una importante obra inédita cuya mayor parte aparece hoy publicada en El último hablante.

Dice de sí mismo que pertenece a “la generación de la Segunda Guerra Mundial, para tomar una referencia internacional o a la generación que asistió al nacimiento del peronismo a nivel nacional… Mi pasión por la literatura y por la poesía –que considero son dos cosas relacionadas pero distintas- atravesó toda mi vida, desde la juventud. Siempre escribí y siempre me acompañó la insatisfacción por los logros que momentáneamente me pareció alcanzar, que es el motor que me sigue impulsando en este oficio de nieblas”.

El último hablante es una selección realizada por Álvaro Urrutia, con prólogo de Guillermo David, y editada por Vrania Ediciones. Reúne poemas de Ciudades de invierno (2000); Palabras asediadas (2001-2004); Un pie en la orilla (2006-2006); Destino de la voz (2007); Envés de la palabra (2007-2008); Tiempo secreto (2008-2009); Palabra ganada (2010-2011); Aquí mismo (2010); Es el mundo (2010-2011); Microcosmos (2011); Cae una hoja (2013); Cédula de identidad (2013); Bajo especie de sueños (2015); Tránsitos y transiciones ((2015); Entreacto (2018); A poste restante (2019); Si alguien pudiera estar aquí (2020 .

*Gerardo Burton, poeta y periodista de Neuquén: geburt@gmail.com

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

Mauricio Kartun: “Un buen poema es aquel que, al leerlo, impulsa a escribir otro”

Mauricio Kartún es un dramaturgo y director de teatro que ha recibido numerosos premios en su extensa carrera. Algunas de sus obras son: El niño argentino, Chau Misterix, El partener, La casita de los viejos, Sacco y Vanzetti, La Madonnita, Ala de criados, Salomé de chacra y Terrenal. Ejerció hasta 1984 la Dirección del Taller de Dramaturgia de Trelew ( y hasta 1986 la Cátedra de Dramaturgia de la Escuela Teatro de la Ribera. En 1987 se estrenó su obra Pericones en el Teatro General San Martín y al año siguiente lo fue El partener en el Teatro Lorange, de Buenos Aires. Este mismo año dirige el Taller de Dramaturgia de Paraná . Entre 1991 y 2003 fue Profesor Asociado de la Cátedra Práctica Integrada II – Creación Colectiva de la Escuela Superior de Teatro de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y hasta 2001 tuvo a su cargo la Supervisión del Departamento de Dramaturgia de la Escuela de Arte Dramático (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

Por Silvina Gianibelli

Mauricio Kartun es dramaturgo y director teatral, formador de formadores de la dramaturgia nacional. Sus multiplicaciones sobre la búsqueda estética es algo que siempre comparte en las redes con sus seguidores, reflexiona junto a AGENCIA PACO URONDO sobre cine en tiempos de pandemia, desde su morada en la costa atlántica.

AGENCIA PACO URONDO: ¿El cine funciona como disparador de tus creaciones dramatúrgicas?

Mauricio Kartun: A veces. La casita de los viejos salió de una imagen de Annie Hall, de Allen, por ejemplo. Otras veces es la literatura. Y en la plástica incluso encuentro cada tanto disparadores. Tengo un proyecto en desarrollo desde hace años, detonado por La Fuente de la Juventud,  el cuadro de Lucas Cranach, el Viejo. Dicen que un buen poema es aquel que, al leerlo, impulsa a escribir otro. Yo creo que el asunto aplica a todas las artes.

APU: Algo así decía Favio, me gustaría saber de tu admiración por él…

M.K.: Un artista superior. Aun en sus películas menos logradas encuentro secuencias extraordinarias. Hay en Soñar, soñar un largo traveling por los puestos del Parque Retiro, con una orquesta criolla que canta en inglés por fonética, a la que podría pasar días viéndola en sin fin. Tiene una identidad tan personal y a la vez tan comunitaria. Juega en espiral con la estética de aquellos radioteatros que vivió de familia cuando era pibe en Mendoza y los remonta a los códigos de lo contemporáneo. Un iluminado.

APU: Tus relatos sobre las madrugadas en el Mercado Central pintan personajes del cine neorrealista. ¿Qué película de ese movimiento te impactó y pudiste generar empatía?

M.K.: Vuelvo a mirar cada tanto el final de Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, y lloro con una alegría que ni te cuento. No sé si La Strada, de Fellini, califica en la corriente, pero esa sería otra.

APU: Durante este tiempo de cuarentena compartís muchas películas (y tus puntos de vista sobre ellas) con tus seguidores que lo reciben como mucha amorosidad, ¿cómo vivís esa experiencia?

M.K.: Más que recomendaciones lo que hago es un intercambio implícito. Es tan grande la oferta online y hay tanta hojarasca que siempre hacen falta referencias para no frustrarse. A cada recomendación que posteo en alguna red social me la responden con otras diez. Y esos posteos los lee otra gente. Se arma un boca a boca productivo. Por eso tomo la iniciativa cada vez que encuentro algo que me gusta.

APU: ¿Cuál es la película actual que merece toda tu admiración?

M.K.: No tengo un título cúspide. Tengo, en cambio, algunos directores que sigo y generalmente no me fallan. Los hermanos Coen, Tarantino. Allen incluso, que por ahí mete un par de bajones, pero siempre termina reivindicándose.

Novelar al peronismo y sus desaparecidos

La nueva novela de Gabriel Russo contiene tres historias, el secuestro de Felipe Vallese constituye el primer relato y sirve de base para el resto que se desarrollan en los años de plomo de la dictadura cívico-militar de 1976.

Gabriel Russo (@GabrielRusso) es peronista, haedense e hincha de Racing. Son las tres características que suele mencionar cuando debe hallar una definición sobre su persona. Militó en el periodismo en medios argentinos y latinoamericanos. Supo radicarse en La Nación, Telam, Radio Continental, Radio Nacional, América, Splendid, ATC. Se desempeñó entre los medios más destacados hasta la actualidad, que lo encuentra con su programa Comunas AM, en radio 1050; y Comunas TV.

Con Los muertos que no se pueden decir el escritor Gabriel Russo da a luz su segunda novela, género que inauguró con La hija de Jauretche, con la que guarda algunas similitudes de  escritura. Hay un estilo que se afianza y también el mismo intento de “mostrar” a través de novelar la Historia.

En esta obra ronda la idea de que esos muertos NN fueron compañeros y compañeras peronistas que lucharon contra gigantes en las diferentes épocas “de plomo” que atravesó la Argentina.

Jamás imaginé que el secuestro y la desaparición de mi padre, un día podía ser inspiración de un escritor con sensibilidad e imaginación para colocar en un crisol tantos condimentos y poder recrear una historia tan interesante y con parte de nuestra historia de país y militancia.” comenta Felipe Vallese (hijo) en la contratapa del libro.

El título se encuentra disponible en librerías y en el sitio web de Ediciones CICCUShttps://www.ciccus.org.ar.

Gabriel Russo

Peronista, haedense e hincha de Racing son las tres características que suele mencionar Gabriel Russo cuando debe hallar una definición sobre su persona. Nació en los confines de la década de 1950, bajo el signo de sagitario e hijo de Noemí y Francisco. Militó en el periodismo en medios argentinos y latinoamericanos. Supo radicarse en La Nación, Telam, Radio Continental, Radio Nacional, América, Splendid, ATC. Se desempeñó entre los medios más destacados hasta la actualidad, que lo encuentra con su programa Comunas AM, en radio 1050; y Comunas TV. Dirige la revista Comunas del País desde 1999. Su primer libro fue, ese mismo año, «Menem lo dijo». En el 2003 apareció «Los simuladores», en el 2008 y 2010 surgieron «La calle, historia de movileros I» y «La calle, historia de movileros II», en coautoría con Edgardo Miller. Ambos libros obtuvieron el premio Faro de Oro. En el 2016 apareció «Relatos del pensamiento nacional». Un año más tarde «Fallidos liberales, relatos nacionales», en coautoría con Claudia Bustamante, y «Memorias de un choripán». En 2018 presentó «Compañeros (Un libro peronista)» en coautoría con Susana Martino, y en 2019 la novela del pensamiento nacional «La hija de Jauretche». Sus dos hijos, Matías y Nicolás, trabajan junto a él en Comunas AM, y su compañera, Claudia Bustamante, es directora de la Agencia Comunas. Escuchar música en el winco, leer a Jauretche, Scalabrini Ortíz, Perón, Arregui, Wimpi marcan su distinción cotidiana. A excepción del domingo, día de juntarse con los hijos para ir al cilindro albiceleste luego del clásico asado.

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