Eduardo Vior: Los Estados Unidos están pasando de la guerra híbrida a la estrategia del ataque integral, que es fundamentalmente semiótico, comunicacional y mediático

Cada vez se hace más evidente que la Argentina está ante un plan de desestabilización respecto al Gobierno Nacional y al de la Provincia de Buenos Aires, con la participación concertada de los medios de comunicación hegemónicos y políticos de Juntos por el Cambio, en lo que aparece como la continuidad de la lawfare.

Si en la etapa anterior se armó una estructura que abarcaba parte del poder judicial, los aparatos de inteligencia, el macrismo y los medios de comunicación concentrados; en la actualidad se recurre a los anticuarentena, a las iniciativas para propagar la pandemia, al intento de paralizar el Congreso y a las acciones de la Policía Bonaerense. La pregunta que surge entonces es si estas operaciones tienen algún tipo de coordinación desde el exterior del país.

Para hablar de este tema, conversamos con Eduardo Vior, doctor en Ciencias Sociales y periodista especializado en América Latina y política internacional.
Vior considera – a partir del análisis de los manuales de desestabilización y de lo que sucede en otros países– que se está aplicando una modificación de la estrategia de Gene Sharp, un politólogo que en 1989 publicó un compendio de 100 medidas para llegar a un golpe de estado. Aclara que ese texto fue usado como guía por los Estados Unidos para provocar las famosas revoluciones de colores, entre ellas, la Primavera Árabe.

Hay dos diferencias. Los Estados Unidos están pasando de la guerra híbrida, instaurada a partir del 11 de setiembre de 2001, a la estrategia del ataque integral, que es fundamentalmente semiótico, comunicacional y mediático. Es mucho más importante el esfuerzo que ponen en las llamadas bombas semióticas que en la fuerza física. Al poner a la policía bonaerense rodeando la Quinta de Olivos, tiene más importancia mostrar que el Estado no gobierna, que el efecto militar”, razona.

“Saben que han sembrado durante varias décadas determinados componentes en la conciencia y en el inconsciente de sectores importantes de la población, por eso no les molesta que las reacciones sean inesperadas. Ellos tiran una bomba, si destruye un edificio o un sótano, para ellos es lo mismo. Lo importante es generar el caos”, continúa.

En cuanto a lo que sucede en otros países de Sudamérica, como las proscripciones de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, el sociólogo observa que se realizan varias operaciones al mismo tiempo, que tienen que ver con las elecciones estadounidenses y las decisiones de lo que se denomina el Estado Profundo norteamericano – la conjunción de servicios de inteligencia, Pentágono, empresas de armamentos y tecnología, y grandes conglomerados de comunicación. “No puedo asegurar que atrás de esto esté Donald Trump. Sí Steve Bannon – el primer jefe de comunicación de Trump, responsable de coordinar operaciones de la ultraderecha en diversos países del mundo– que aunque está preso, sigue operando. No me extrañaría que una parte de su negociación para salir de la cárcel sea poner sus servicios en función de las necesidades de un sector del Estado Profundo, parecería que el republicano.”

El especialista ofrece también una interpretación de las razones del reciente viaje de Mauricio Macri a Europa. “Hizo una asunción del mando. La Fundación Fifa está destinada en forma legal a manejar dinero del tráfico de droga y de armas para lavarlo en el tráfico de jugadores, y a partir de ahí hacer inversiones. En simultáneo se da la entrega en Brasil de Darío Messer, el principal agente de cambio y de legalización del dinero de la corrupción y de la droga; y la relación que tiene ese hecho con el intento de viaje de Gustavo Arribas a Brasil. Arribas es el nexo entre Macri y el Primer Comando de la Capital”, detalla, en referencia a la mayor organización criminal del país vecino. “Macri viajó para pasar a un nivel mucho más alto que el de la política argentina, fue a firmar su incorporación a las grandes ligas”, completa.

Vior analizó las influencias que pueden tener, sobre la situación argentina en un escenario pospandemia, los gobiernos de derecha de los países limítrofes. Evaluó los peligros que pueden significar para nuestro país la presencia de sectores políticos relacionados con negocios ilegales, particularmente en los casos de Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay. El periodista los diferenció de lo que sucede con el gobierno chileno, que dio señales de acercamiento a la Argentina.

Por último, el analista evaluó los peligros que podría traer un triunfo demócrata en las elecciones de los Estados Unidos, y consideró que aumentaría significativamente la posibilidad de una guerra en la región.

Síntesis de la entrevista a Eduardo Vior Doctor en Ciencias Sociales, Doctor en Sociología, periodista independiente sobre América Latina y política mundial realizada por Gabriel Wainstein en Mestiza, la radio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche

Borges en el diván: literatura y psicoanálisis

Mientras Borges recorría su análisis personal, entre el 1946 y 1948, se puede suponer que estaba escribiendo varios cuentos de El Aleph, publicado en 1949. Allí, tal como en la experiencia psicoanalítica, interroga a los saberes adquiridos, para que emerja otra verdad: la verdad oculta del sujeto.

Por Pablo Melicchio | Ilustración: Matías De Brasi

Volví a ver, como quien relee un libro, las conferencias que Ricardo Piglia dictó sobre Borges para la Tv Pública, y me detuve donde antes había pasado de largo. En una de las charlas recomienda lo que para él es la mejor biografía escrita sobre Borges, la de Estela Canto: Borges a contraluz. Hice una pausa. Fui hasta mi biblioteca, y en el largo estante de madera, tierra donde se erige la ciudad borgeana, allí estaba, callado, nunca leído, la biografía, como uno más de los tantos libros deshabitados de lectura, pendientes para el incierto mañana.

Según Piglia, es Estela Canto quien le recomienda ir al psicoanalista. Y Borges, en el año 46, empieza una suerte de terapia. “Y qué pasó, lo que pasa con el psicoanálisis, Borges no resolvió el problema al que iba, pero perdió la timidez y pudo dar conferencias. A mí me pasó igual, yo empecé a analizarme en 1970, sigo con los mismos problemas, pero aprendí a bailar el tango como nadie”, dice Piglia, y la audiencia ríe. Pero a mí no me causó risa, como tampoco reí la primera vez que lo escuché. Entiendo que es una simpática ironía del escritor de Respiración artificial. Pero no me dio risa porque me quedé recalculando; vicio de psicoanalista. Se sabe, desde la práctica del psicoanálisis, que el motivo de consulta no siempre es por lo que verdaderamente se inicia una terapia; se va por una cosa, pero en el curso del análisis terminan saliendo otras.

Dejé la conferencia de Piglia en pausa, y empecé a esbozar algunas ideas y preguntas sobre un papel gastado, como un científico loco que busca encontrar la fórmula de la inmortalidad. ¿Borges en terapia? ¿Cómo saber qué lo llevó a consultar a un psicoanalista? ¿Qué pretendía ver, profundizar, entender? ¿Qué era un problema para Borges; que asumiera Perón; su incipiente ceguera; la timidez; las mujeres que le dolían en todo el cuerpo? ¿Su fallido debut sexual apurado por su padre, como señalan en algunas de sus biografías? ¿Pero importa de verdad conocer los motivos que lo llevaron a consultar a un psicoanalista? ¿No es acaso morboso, habladurías baratas, puterío de intelectuales, meterse en el baño, en la intimidad, en el diván de Borges? Lo cierto es que me entusiasmé sabiendo que Borges quiso psicoanalizarse, y más allá de lo que dijo o calló en ese consultorio, lo significativo es que estuvo allí, tratando de hacer algo con su neurosis, suponiéndole el saber de sus padecimientos a un profesional que tuvo la aventura única de entrar en el verdadero laberinto de Borges.

Mientras Borges recorría su análisis personal, entre el 46 y el 48, se puede suponer que estaba escribiendo varios cuentos que integrarían el libro El Aleph, publicado en 1949. En el cuento El Aleph, anticipado en la Revista Sur en 1945, Borges es Borges, es el narrador protagonista. Hay un relato en primera persona, y una muerte, la de la amada Beatriz Viterbo. Finitud, desdicha y amor no correspondido, ¿con lo que se confrontaría en su terapia? Y ante el olvido, que todo lo devora, el recuerdo como única forma de vencer a la muerte. Y desde luego, el encuentro con el famoso Aleph, la posibilidad de lo infinito, de lo ilimitado, de verlo todo, lo opuesto a la castración que implica el hecho mismo de estar vivos. El Aleph es literatura fantástica, pero como sucede en la experiencia psicoanalítica, el libro pone en jaque a los saberes adquiridos, abre grietas entre la realidad y la ficción, entre la conciencia y el inconsciente, para que emerja otra verdad: la verdad oculta del sujeto. ¿No somos acaso una ficción cuando nos describimos, cuando decimos “yo soy”? El psicoanálisis ayuda a liberar la propia voz, repensar el pasado y ponerlo en palabras, por lo tanto reinventarlo. Ficción proviene del latín fingere, que es fingir, pero también modelar, dar forma. Cuando contamos nuestra historia, ¿acaso no armamos una ficción construyendo nuestro ser en un relato?

Lo cierto es que antes de la terapia, Borges no daba conferencias, sentía terror a lo público, al público. Parece que el análisis le sirvió para resolver esa angustia y de algún modo encontrar una forma de hablar, de tomar la palabra y llevarla más allá de lo escrito. Borges se adueñó de una narración oral articulada entre sus lecturas y su vida porque hizo una relectura de su vida. Borges, inventor de ficciones, quizá encontró en el espacio de la terapia un oyente, el psicoanalista, que le devolvió sus propias palabras para que el escritor fundara una nueva manera de narrar. Si hubo un trauma en el pasado, y quedó reprimido, logró que su sufrimiento no retornara como inhibición, como síntoma o angustia, y que se liberara como energía vital para la creación. Borges se reinventó. La perfecta economía de su escritura encontrará, en la oralidad y en la asociación libre, un despliegue extraordinario, un discurrir pausado en complicidad con la audiencia, nunca subestimada. Borges conferencista, como un google de carne y hueso, extraía de la galera de recuerdos, citas y poemas en sus idiomas originales, e inmediatamente los traducía al español. Le hablaba al público, al que dejará de ver, producto de su ceguera, pero al que le seguirá hablando como un analizado recostado sobre el diván. La multitud entonces será una mancha difusa, como un test proyectivo donde Borges hablará para hablarse a sí mismo también. Fue convirtiéndose en un conferencista excelente, sin inhibiciones, a pesar de su tartamudez de infinitos saberes que se le atoraban en la garganta. Borges se quedará ciego a los 55 años, en su madurez como artista, y cambiará las reglas de su hacer para reconvertirse desde la sombra.

Borges, al momento de la consulta al médico psicoanalista, sabe que su destino cercano será ser ciego. Al inicio de la década del 50 se va acelerando ese largo crepúsculo de la ceguera. Otras inquisiciones, publicado en 1952, es su mejor testamento, tal vez la despedida del escritor clásico que escribe mirando la hoja y que va pariendo palabras sobre reglones. De la ceguera en adelante empezará a dictar lo que quiera escribir; otros y otras serán sus ojos. De alguna manera su escritura será en la hoja de la memoria y su tinta la palabra oral.

¿Quién era su “psicólogo”? Así lo nombra Borges, según Estela Canto, su biógrafa. Se llamaba Miguel Cohen Miller. Comencé a buscar más información por internet, pero no hallé certezas, sino más bien contradicciones, como sucede con la vida misma. Son inciertos los motivos de la consulta y los resultados del tratamiento también. Parece que el doctor Miller ya había analizado al escritor Manuel Peyrou y a la escritora española Rosa Chacel, exiliada de la guerra civil. Un doctor que incorpora el pensamiento freudiano, pero que con Borges queda más en la línea del médico consejero, que incluso se autoriza y cita a Estela Canto, o al menos ella relata eso en su libro. ¿Qué lugar tiene una prometida en el espacio analítico? Qué se jugó en esa sesión, como en las otras, lo saben sus protagonistas, que hoy solo viven en la memoria finita de los que quedamos haciéndonos preguntas. Como toda biografía, en Borges a contraluz se desnuda y humaniza al escritor, pero por sobre todo sobran datos innecesarios, propios de la intimidad que se abrió en el espacio de la confianza y que luego es traicionada por los que se cuelgan de las tetas del famoso. Como su supuesto amigo Adolfo Bioy Casares, que anotaba hasta cuándo, dónde y qué comía con Borges y cómo le quedaba la nueva dentadura postiza; ¿era necesario saber eso? Sí, para llenar esa suerte de diario exageradamente poblado de insignificancias.

Según Estela Canto, la idea del psiquiatra “…era que, al ayudar a Borges a emerger de su “infierno”, la literatura argentina se iba a ver beneficiada”. Si el infierno son los otros, como señaló Sarte, quizá Borges haya aprendido a entrar y salir del averno exorcizando a la audiencia, a sus lectoras y lectores, con el brebaje de palabras maceradas en infinitas bibliotecas. ¿Quién sabe qué buscaba ese médico desde el psicoanálisis y qué buscaba Borges con ese psicoanalista? ¿Quién sabe qué encontraron sin buscar? ¿Qué ficción se habrá tejido entre los dos? Tal vez yo, el que escribe, y vos, que estás leyendo, seamos parte de un sueño que Borges le está contando a su psicoanalista. Pero por hoy dejamos aquí.

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar

“Cuentos que cuidan”: relatos para reflexionar, en familia, sobre los derechos de los niños y las niñas

Desde 1960 se celebra tradicionalmente, en nuestro país, el Día del Niño por recomendación de la ONU para que cada Nación destine un día y, así, promover el bienestar de niñas y niños con actividades sociales y culturales.

A partir de este año, la propuesta argentina es renombrar la celebración como Día de las Infancias, con el desafío de visibilizar las transformaciones de los últimos años, en el plano social, cultural y normativo, y con la premisa de dar cuenta de la diversidad propia de la experiencia infantil.

Una buena manera de celebrar este día es respetando el consejo sanitario de #QuedarnosEnCasa, y compartir un momento de lectura, diálogo y reflexión en familia, para conocer y reconocer sus derechos e inspirarlos a promoverlos.

En este sentido, UNICEF Argentina editó la colección virtual “Cuentos que cuidan”. Se trata de relatos e ilustraciones de autores y artistas de reconocida trayectoria, que abordan el derecho a la educación, la inclusión, la equidad, la salud y la protección, a través de historias y personajes pensados y diseñados para niñas y niños en su primera infancia.

Integran la colección:

Cuando se van al jardín, de Silvia Schujer. Ilustración de Silvia López Latour

Un recurso para que las y los adultos puedan generar un diálogo con las niñas y niños acerca de la diversidad, el respeto por las diferencias y la inclusión. Hablar de educación inclusiva implica pensar en el acceso de las alumnas y alumnos con discapacidad a las escuelas comunes y minimizar esas barreras que limitan el aprendizaje y la participación de todos. La ley establece que las escuelas deben incorporar prácticas que garanticen el aprendizaje de las niñas y niños, con discapacidades o sin ellas.

Cuando se van al jardín

El lunes conocí a Emi, de Paula Bombara. Ilustraciones de Ivanke y MEY

El cuento se propone como una herramienta para abrir el diálogo en familia, en el cual, a partir de la lectura compartida se generen preguntas y reflexiones en torno a los roles de género y la equidad. El relato es también un disparador que permite generar conversaciones en relación con qué es ser niña o niño, los roles y estereotipos de género que comienzan desde la infancia, y la igualdad que debe existir entre hombres y mujeres para disfrutar plenamente de sus derechos.

El lunes conocí a Emi

Los guarda secretos de Graciela Repún. Ilustraciones de Elissambura

El cuento permite abrir un espacio de diálogo en el cual se generen preguntas y reflexiones en torno a la violencia, el maltrato y el abuso sexual. Es un disparador para hablar acerca de los secretos y la diferencia entre los secretos “buenos”, que pueden ser guardados, y los “malos”, aquellos que pueden lastimarnos o hacernos sentir mal y la importancia de contarlos.

Los guarda secretos

¿Qué vas a llevar?, de Pablo Bercanasconi

Este material ofrece herramientas concretas para dialogar y reflexionar con las niñas y niños acerca de las características de una buena alimentación, el problema del sobrepeso y la obesidad, y el derecho a una vida saludable. Es un disparador para conversar juntos acerca de la importancia de comer en familia, de aquellos alimentos que les gustan, pero no les hacen bien y de aquellos otros que los ayudan a crecer.

¿Qué vas a llevar?

En la semana de la lactancia reflexionamos sobre la importancia del amamantamiento como un hecho cultural que nos involucra a todas, todos, todes

Desde 1992 se realiza en todo el mundo la Semana de la Lactancia. Una semana para pensar, profundizar y valorar; para que a nadie incomode amamantar en público, para seguir compartiendo circuitos, lazos y saberes. 

El Ministerio Cultura de la Nación en articulación con el Ministerio de Salud de la Nación y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, proponen actividades conjuntas con el objetivo de concientizar e incorporar a todos los actores posibles dentro de una lactancia entendida como coresponsable, para la cual toda la sociedad debe estar comprometida y acompañando.

Los beneficios de la leche materna son indiscutibles, proporciona todos los nutrientes y defensas necesarias para el crecimiento y el contacto fortalece la relación de afecto. Pero además de los beneficios nutricionales, existen alternativas para aquellas madres que por cualquier motivo se ven imposibilitadas de dar la teta a sus hijos e hijas, redes solidarias que brindan consejo y opciones para que lo primordial, sea poder contar con ese momento de encuentro, para fortalecer la conexión afectiva en ese acto cotidiano.

A través de historias de vida y de experiencias profesionales, mujeres y hombres reflexionan sobre la lactancia como una construcción social y política que nos mejora como humanidad y cuyas acciones impactan en nuestras comunidades.

Sandra Laporta es partera profesional y obstetra, plantea las múltiples dimensiones que se conjugan en esta práctica. 

La lactancia nos da las bases para una buena salud y hay que tomarla como una vivencia que toma lo biológico, lo psicológico, lo emocional, lo sexual. Una vivencia dinámica, que nos trae una de las necesidades más grandes para la supervivencia del ser humano después de nacer, que es la afectividad. Tiene como objetivo una vivencia evolutiva y nutricional. A los nutrientes, está ligado el aspecto afectivo. Si tenemos en claro esto, ¿por qué entonces cuesta tanto amamantar?.

Estamos acostumbradas a una cultura patriarcal, donde el hombre tiene el poder y la mujer una actitud pasiva, entonces, llegamos a la lactancia no sintiéndonos protagonistas. Vivimos en una cultura en la que todo se compra, que pondera el materialismo, que no confía en lo que el cuerpo sabe hacer. Entonces, a la hora de amamantar, nos cuesta confiar en nuestro propio cuerpo. Yo proclamo que frente a la vivencia del parto, del nacimiento, de la lactancia y de la crianza -de esos primeros años de vida, hasta los 3 años-, que la madre escuche su cuerpo, escuche su parte visceral, que sienta que su cuerpo sabe.

La activista Verónica Garea afirma que, desde el punto de vista ecológico, amamantar garantiza la sustentabilidad de nuestro planeta, y reflexiona sobre cómo detrás y delante de la lactancia hay una comunidad que se pregunta sobre sus circuitos de consumo.

Cuando nace el bebé, es una época y una etapa dónde viene muy bien tener el apoyo de gente capacitada para que se pueda sostener la lactancia todo el tiempo que se desee sostenerla. Mucho se habla de que la leche materna es el alimento pensado por la naturaleza para los bebés, que su formulación permite el desarrollo óptimo del sistema nervioso, que promueve el vínculo, que fortalece a la sociedad, pero pocas veces nos detenemos a pensar que no existe otra manera de alimentación más ecológicamente responsable que la lactancia.

La lactancia materna no genera desechos más allá de los que la familia genera por sus actividades diarias: los restos de comida que alimenta a la madre, el agua que se usa para lavar la ropa y los utensilios de la familia. Por el contrario, la lactancia artificial genera deshechos en todas sus etapas, desde la producción industrial, su transporte y hasta el consumo.

Gustavo Sager es doctor en medicina y pionero creador del primer Banco de Leche Materna, sostiene que la existencia de una red operativa alrededor de una mujer cuya prioridad es amamantar a su hijo o hija es clave. Asimismo, comparte su visión profesional de los primeros momentos de un buen vivir.

En el comienzo de la vida hay que tratar de llegar a un parto sin intervenciones y lograr una puesta al pecho dentro de la primera hora de vida (llamada la hora de oro). Luego, dejar que la madre en internación conjunta amamante al bebé, sin dolor, sin horarios, lo que llamamos a libre requerimiento. Continuando en el hogar, de día y de noche, sin ningún otro líquido o comida hasta los 6 meses. A partir de entonces continuar amamantando acompañada por Alimentación Complementaria hasta los dos años o más. La lactancia facilita el vínculo madre-hija/o, de entrega y de placer que los une, fundamental los primeros tres meses de la vida y del cual depende el crecimiento y desarrollo saludable. Amamantar acaricia por dentro y evita principalmente infecciones, como la bronquiolitis.

La Feria de Editores se refuerza con una edición virtual que incluirá ofertas de 160 editoriales

La nueva edición de la Feria de Editores tendrá lugar desde el viernes 7 hasta el domingo 9 de agosto. Las entrevistas a la escritora mexicana Margó Glantz y al pensador francés Roger Chartier serán dos de las actividades que se destacan dentro del amplio programa.

Por Carlos Daniel Aletto

La virtualidad es uno de los rasgos particulares de la época y se ha fortalecido hasta ocupar casi todos los aspectos de la comunicación y la vida social durante la pandemia: en este contexto no es extraño que la Feria de Editores 2020 se realice a través de las redes sociales, lo que tiene aspectos positivos pero también negativos, como coinciden cuatro editores que forman parte de las 160 editoriales de Argentina y América Latina que participarán de este hito cultural.

La nueva edición de la Feria de Editores tendrá lugar desde el viernes 7 hasta el domingo 9 de agosto. Las entrevistas a la escritora mexicana Margó Glantz y al pensador francés Roger Chartier serán dos de las actividades que se destacan dentro del amplio programa, que incluirá también un encuentro especial sobre la autora brasileña Clarice Lispector a 100 años de su nacimiento.

En esta oportunidad, cada editorial seleccionó previamente una librería para que concrete las ventas y también participe con sugerencias. Los organizadores resaltan que “el envío de los libros vendidos durante la FED será sin cargo en CABA por un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y se efectivizará entre el miércoles 12 y el viernes 21 de agosto”.

Cuatro editores destacados de los numerosos que participarán en la FED (como Mardulce, Alto Pogo, Adriana Hidalgo, Pípala, Gog y Magog, Sigilo, La Bestia equilátera, Mansalva, Compañía Naviera Ilimitada, Caja Negra, Pequeño editor, Rosa Iceberg, Marea, El hilo de Ariadna, Entropía y Claridad, por nombrar algunas) opinan para Télam sobre esta nueva y singular edición.

Víctor Malumián es uno de los artífices junto a Hernán López Winne de Ediciones Godot, pero además ambos están a cargo de la organización de la iniciativa. “El cambio forzado a una instancia digital trajo aspectos positivos y negativos. Por un lado, cierta amplitud en el acceso geográfico de contenidos que evidenciamos en los talleres profesionales, los cuales pasaron de inscripciones promedio de 150 personas a 600”, explica.

Como también cierta percepción de cercanía que palpamos en invitadas/os que hubiera sido imposible traer por costos de pasajes y hospedaje: hoy se prestan a una videollamada sin mayor problema. Por otra parte, perdemos niveles más profundos de relacionamiento, de profundidad de charla entre las personas que se daba en la FED presencial. Ya sea entre colegas o con el público”, señala.

Manuel Rud, uno de los editores de Limonero, destaca el entusiasmo que junto a su socia Luciana “Lulu” Kirschenbaum sienten frente a esta nueva versión. “Por supuesto, será una edición diferente -aclara-. Por el contexto sanitario, por la virtualidad, por la presencia de distribuidoras y librerías. Sin embargo, será uno de los pocos eventos relacionados con el libro y la industria editorial que apueste, en este contexto de aplanamiento y retracción, a mantener la dinámica y la energía que tienen ‘en vivo’ las ferias”.

Por su parte Diego Erlan, el editor del sello Ampersand, también remarca que la virtualidad nunca podrá compararse con lo que genera la FED en vivo: “La interacción personal con los lectores, las recomendaciones, los encuentros, los descubrimientos, esa energía en un mismo espacio es difícil de superar”.

Pero ante la coyuntura que estamos atravesando, encontrar alternativas para que, aún en la distancia, podamos encontrarnos y conseguir espacios de reunión y de intercambio, siempre es bienvenido. Y sobre esa cuestión creo que es muy importante la incorporación en este esquema de las librerías: la certeza de que la única manera de que todos crezcamos es fortaleciendo el ecosistema del libro”, apunta.

En esa misma dirección, Santiago La Rosa, de Chai Editora, agrega que “en un año de emergencia e incertidumbre cada eslabón de la cadena del libro ensayó soluciones y estrategias según sus necesidades: vimos aparecer iniciativas desde las librerías y lectores que evitaron que la situación se tornara aún más crítica para muchas editoriales pequeñas e independientes como la nuestra”.

Nosotros decidimos no frenar la producción: sacamos ‘¿Quién está ahí?’, el texto de Peter Orner, en un mes complejo como junio, buscamos proponer a los lectores un libro que creíamos especial en el contexto de aislamiento. Creemos que el resultado fue bueno, la respuesta de lectores y libreros fue muy generosa”, acota.

Rud destaca que en el programa hay “numerosas charlas y gran nivel de invitados” y especifica que mientras tanto “los editores atenderemos en vivo desde nuestra “mesa virtual” (en el caso de Limonero, será vía un live de Instagram).

El editor de Limonero destaca uno de las particularidades de esta edición de la Feria. “Este año se suma también una apuesta más de índole política y estratégica: la FED, que suele estar muy marcada por el encuentro directo entre editores y lectores, este año tendrá también a los libreros como participantes, ya que serán ellos los que canalizarán las ventas y el envío de los ejemplares vendidos”, dice.

Esta inclusión del sector librero es, creo, una decisión solidaria de los organizadores, que entienden que la única salida posible de una crisis como la actual es de dimensión colectiva, en acciones en las que los distintos sectores de la industria (editoriales, distribuidores, librerías) converjan en acciones comunes”, apunta.

La dinámica de la FED -destaca La Rosa- en especial con la cancelación de otros eventos como la Feria del libro, permite unir muchos de esos esfuerzos individuales y sostener en el calendario la oportunidad de contactarse con lectores, visibilizar el catálogo y cuidar a las librerías, un formato excepcional que hace lo mejor con los medios disponibles”.

Nosotros, en el primer aniversario de la editorial, vamos a presentar un libro fundamental, ‘Taj Mahal’ de Deborah Eisenberg. La FED es una oportunidad de comunicarlo y acercarlo a todos los visitantes. Creo que lo más valioso es el sostener una fecha para comprar libros en condiciones más sencillas y económicas y poner la lectura en el centro de la escena por un fin de semana”, sostiene.

Por su parte, Erland piensa que lo mejor que nos dejó la pandemia son “estos formatos que sin duda llegaron para quedarse como sucedió este año con todas las ferias del libro en el mundo. En un futuro sospecho que convivirán, como de a poco ya sucedía, pero esta vez con más fuerza porque los espacios tendrán una capacidad limitada pero a través del streaming podremos expandir el contenido de lo que suceda”, adelanta.

Por último, Rud supone que “el comercio electrónico de libros se ha intensificado con esta circunstancia y creo que los editores tenemos que entender y atender a esta nueva realidad, aun después del final de la cuarentena. Sin embargo, creo que la FED solo está haciendo un impasse en su modalidad regular, y seguramente vuelva con más fuerza en 2021, con su activa y vibrante edición ‘presencial’ y completa”, se entusiasma.

Para hacer un recorrido por las editoriales, los interesados podrán ingresar en http://www.feriadeeditores.com.ar/fedvirtual/, sitio donde cada sello tendrá un botón de acceso a su propio espacio. Este año, las charlas con autores y temáticas sobre la actualidad cultural se podrán durante estos tres días en el canal de YouTube de la FED, de 13.30 a 23.

¿Por qué tenemos que hablar de Napalpí?

La Masacre de Napalpí era algo que iba a suceder en algún momento. Y pasó. Centenares de Qom y Moqoit fueron asesinados el 19 de julio de 1924 por las fuerzas represivas estatales. Fue una consecuencia de las características del sistema de disciplinamiento impuesto desde el Estado y los sectores privados de la región a los pueblos indígenas.

Por Marcelo Musante * (Chaco)

Los gendarmes y la policía montada estaban al acecho. Los Qom y Moqoit reunidos en la zona de El Aguará no lo sabían. La policía rondaba la reducción desde hacía dos meses. La Gendarmería de Línea, desde hacía una semana. Sus nombres, armas y municiones quedaron registrados prolijamente en listados oficiales.

Mientras tanto, el gobernador del Territorio Nacional del Chaco, Fernando Centeno, entablaba el supuesto diálogo con los líderes indígenas que reclamaban por las condiciones de explotación a las que eran sometidos. Pero era una trampa: al mismo tiempo que desde el Estado se proponía a las comunidades indígenas canales de negociación, se preparaban las acciones punitivas. Fórmulas del pasado y del futuro. El castigo como figura siempre omnipresente.

La Masacre de Napalpí era algo que iba a suceder en algún momento. Y pasó. Centenares de Qom y Moqoit fueron asesinados el 19 de julio de 1924 por las fuerzas represivas estatales. Fue una consecuencia de las características del sistema de disciplinamiento impuesto desde el Estado y los sectores privados de la región a los pueblos indígenas.

Iba a pasar porque los asesinatos masivos sobre personas indígenas ya se habían llevado a cabo antes, en las diversas campañas militares a Pampa, Patagonia y la región chaqueña.

Iba a pasar porque se continuarían repitiendo en el futuro, como en el caso de La Bomba, en Formosa en 1947, entre muchas otras.

Iba a pasar porque era un lugar de confinamiento para controlar los cuerpos y someterlos violentamente al trabajo. Los cuerpos como objetos. Como meras herramientas.

Iba a pasar porque esos cuerpos iban a revelarse colectivamente.

Iba a pasar porque no tenían permitido ninguna acción de resistencia allí adentro.

Y cuando esos cuerpos se sublevaron en la escena pública, fueron reprimidos y asesinados.

La violencia en el espacio y los cuerpos

La masacre se llevó a cabo en la Reducción Estatal para Indígenas de Napalpí. Un espacio de control social que formaba parte de un sistema más amplio. Un proyecto que implementó el Estado argentino en Chaco y Formosa a espejo de las que ya existían en Estados Unidos con múltiples denuncias por las consecuencias sobre las familias indígenas.

Acá llegaron a coexistir cuatro reducciones. Funcionaron entre 1911 y 1956. Hubo años en los que estuvieron concentrados más de siete mil indígenas de las etnias Qom, Moqoit, Vilela, Wichí y Pilagá.

Los presidentes de la Nación del momento se pronunciaban sobre las reducciones como un sistema ejemplar y exitoso para la “incorporación del indígena a la civilización”. Pero las condiciones eran otras. “Siempre palo, palo y palo. Nosotros sufrimos mucho. No teníamos ropa”, se acordaba Juan Ballesteros en Bartolomé de las Casas, lugar donde funcionó una de esas reducciones en Formosa.

El “proceso de civilización del indígena” implicó el trabajo a destajo, con paga en mercadería del almacén del lugar, manejada por el propio Estado nacional, y con deudas que se acumulaban con el administrador de la reducción. La deuda como forma de disciplinamiento.

Un sistema de explotación basado fundamentalmente en el desmonte de cientos de miles de toneladas de árboles nativos para proveer a la industria maderera y al propio Estado para la construcción de vías férreas. Vías que se construían abriendo picadas en monte cerrado. ¿Quiénes lo hacían? Los propios indígenas bajo control del Ejército.

Las mujeres, los niños y las niñas eran sometidxs al trabajo de la cosecha y violentadxs por quienes trabajaban para la administración. Las enfermedades no tenían modo de ser curadas en las salas de primeros auxilios desabastecidas.

El control era ejercido con extrema violencia. “Los indígenas eran estaqueados toda la noche como castigo”, recuerda Bernardino Paz en Colonia Aborigen, lo que antes era Napalpí.

Resistencia y represión

Pero en un momento, en la Reducción de Napalpí, se llevó a cabo una acción de resistencia. Los caciques Dionisio Gómez y José Machado entre los Qom, y Pedro Maidana y la cacica Mercedes Dominga entre los Moqoit, son los nombres que lxs sobrevivientes mencionan como los referentes de la protesta.

Se reunieron centenares de personas en la zona del Aguará, dentro de la reducción, para reclamar por una quita que le impusieron al precio de la cosecha del algodón, por las condiciones de salud y alimentación, por la explotación laboral y por un decreto que prohibía que puedan ir a trabajar donde quisieran, entre otras.

Mientras los líderes indígenas negociaban con las autoridades estatales las fuerzas policiales se iban organizando.

Entre el gobernador Fernando Centeno, el jefe de Policía Diego Ulibarrie, el comisario Roberto Sáenz Loza, el sargento Alejandro Verón y Mario Arigó, administrador de la reducción, se definió la represión. El ministro del Interior de la Nación era Vicente Gallo y el Presidente, Marcelo T. de Alvear.

El 19 de julio de 1924 el Regimiento de Gendarmería de Línea y la Policía Montada avanzaron sobre las y los indígenas reunidos.

La represión incluyó la utilización del avión Chaco II que despegó del Aero Club Chaco al mando del sargento Emilio Esquivel y del piloto estadounidense Juan Browis. El historiador y piloto Alejandro Covello afirma que fue justamente esa la primera vez en la historia argentina que se utilizó un avión para reprimir desde el aire a población civil.

La foto del avión -que se encuentra en el Instituto Iberoamericano de Berlín- tiene al dorso una referencia escrita por Lehmann Nitsche, antropólogo alemán que estaba por esos días en Chaco: “avión contra levantamiento indígena”. Él nunca mencionará la masacre en sus futuros textos. El silencio de la ciencia.

La matanza continuó los días siguientes con la policía persiguiendo a la gente por el monte. Los relatos de las personas sobrevivientes son el espanto y la crueldad. Asesinatos de niño/as y anciano/as, violaciones, mutilaciones y cuerpos quemados en fosas comunes. Quienes pudieron sobrevivir y luego contar la masacre lo hicieron escondidos en el monte durante varios días.

Durante mucho tiempo, la Masacre de Napalpí fue encerrada al olvido. Un parte policial de ese mismo año clausuró la investigación. De nada sirvió el debate abierto en la cámara de diputados y el pedido de una comisión investigadora.

Recién en 2004 se inició una demanda civil por Genocidio contra el Estado Nacional que aún no tiene resolución final. Y en 2014 se inició un proceso de investigación por parte de la Fiscalía Federal de Resistencia que es llevado adelante por el fiscal Diego Vigay y por el que solicita la realización de un Juicio por la Verdad considerando las normas de imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad.

La violencia por otros medios

Cuando la masacre terminó, la Reducción Estatal para Indígenas de Napalpí siguió funcionando. Incluso doce años después fueron creadas otras dos reducciones y puestas bajo el control de la Gendarmería de Línea. Quizás a modo de reconocimiento por los servicios prestados ese 19 de julio de 1924.

A pesar del asesinato de cientos de personas dentro de una institución estatal realizada por sus propias fuerzas de seguridad, las reducciones para indígenas continuaron funcionando durante 32 años más. Hasta 1956.

En Napalpí el control se profundizó. Se continuó con la utilización de brazaletes para diferenciar a quienes se consideraba “pacíficos” de los que no.

La administración de la reducción elaboró documentos oficiales con listados que incluían el nombre y apellido de quienes se sugería expulsar y se lxs categorizaba en columnas de “concepto y observaciones”. Allí se definía a las personas como “inadaptable”, “vago”, “propagandista insidioso contra la administración”, “inepto”, entre otras.

Y una definición muy explícita era: “formó parte de la sublevación”. Esta forma de marcación negativa de las personas indígenas sometidas en la reducción traía peligrosas consecuencias.

Quienes eran expulsados de la reducción, lo eran a un territorio chaqueño en el que todavía operaban las fuerzas militares y en el que para transitar, al ser indígena, se requería un salvoconducto, “un papel firmado” por alguna autoridad estatal o ingenio privado. No tenerlo implicaba que ese sujeto había fracasado en el intento estatal civilizatorio.

Noticias de ayer, discursos de hoy

Las construcciones discursivas sobre el indígena también son centrales para comprender la Masacre de Napalpí y los discursos que circulan aún hoy con componentes racistas.

Los medios de comunicación fueron centrales en la preparación de la masacre, produciendo discursos de malón y de peligro para la población blanca de los alrededores. Y luego, también lo fueron invisibilizándola.

Antes de la masacre aparecían en los medios los pedidos de “acción” (léase represión) sobre los indígenas de Napalpí. Pero después de la matanza, la noticia desapareció por completo. Salvo en una edición especial, exclusivamente sobre la masacre, que realizó el diario El Heraldo del Norte un año después, en 1925. Edición que, como explica la investigadora Mariana Giordano para entender los silencios sobre Napalpí, debió hacerse desde Corrientes ya que había sido censurada por el gobierno territoriano del Chaco.

Los medios de comunicación operaron a favor de los sectores económicos más importantes de la provincia relacionando el peligro de la “revuelta indígena” con “los productores”.

El diario La Nación, por ejemplo, el día mismo de la masacre publicó una nota mencionando telegramas de preocupación de la Cámara de Comercio del Chaco y de la Sociedad Rural al presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear.

El propio Ministerio del Interior de la Nación mencionó en sus memorias en relación a la masacre que “dicha reducción sufrió grave retroceso (…) indígenas traídos de distintos puntos del territorio por agitadores de profesión cometieron desmanes de todo género”. El indígena aparece como el culpable. Como el sujeto que se relaciona con “agitadores” y pone en riesgos el desarrollo económico.

Más acá en el tiempo, se hizo la misma inversión con el Pueblo Mapuche, asociándolo a supuestos grupos terroristas, planteándolos como usurpadores de la propiedad privada. Definición de enemigo interno que terminó en el asesinato de Rafael Nahuel en 2017 y la represión en el Lof en Resistencia Cushamen que finalizó con la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado. Otra vez, como en La Nación de 1924, se mezclaron las tierras, el capital privado y el accionar represivo. La represión se asoció a una “necesidad de pacificación”, de restablecimiento de una “normalidad” que fue rota por ciertos grupos que estarían por fuera de ella.

En el caso de los pueblos indígenas, esos discursos han circulado desde la propia conformación del Estado-nación y han servido como legitimadores de la violencia. De la idea de “malón” a la de “terroristas”. Y, como en Napalpí, se ocultan tras la búsqueda de “paz y seguridad”.

Estos últimos meses estuvimos escuchando -en el marco de la pandemia de COVID-19- discursos sobre “indios infectados” en el Barrio Toba de Resistencia, que los marcaban como los culpables de poner en riesgo al resto de la población. Con ese mismo grito en la boca, la policía chaqueña entró violentamente a una casa en Fontana, cuyas imágenes circularon por todos lados, para golpear y abusar de una familia.

A principios de año, cuando fallecieron por desnutrición muchxs niñxs wichí en Salta, la respuesta de los funcionarios de salud de la provincia fue culpar a las propias familias por sus “costumbres”.

Discursos de ayer que se continúan reproduciendo hoy y que estigmatizan, marcan y matan. Ese “indios infectados” que apareció en la represión de Fontana en junio de 2020 se retroalimenta en ese “indios revoltosos” del 19 de julio de 1924.

La historia no termina

Como siempre dice el historiador qom Juan Chico, haberle cambiado el nombre de Napalpí al lugar donde ocurrió la masacre y colocarle el casi genérico de “Colonia Aborigen” es un intento de borrar la historia de lo que allí pasó.

La masacre de Napalpí intentó producir el disciplinamiento a través del terror. No sólo dirigido a la gente que allí vivía, sino como mensaje al resto de las comunidades indígenas de la zona. Para mostrar que una protesta se reprime. Siempre.

Pero no hay modo de borrar la memoria. Y la gente siguió recordando y contando. Cada vez que algún pedazo de tierra es arado aparecen signos de la represión: se encuentran fusiles, restos óseos, como recuerda Ramón Verdán.

Todavía hoy quienes aseguran que se sienten ruidos, de cadenas, de golpes. La memoria duele.

Durante muchos años, como cuenta Mario Paz -comunicador de la Colonia Aborigen- los ancianos no enseñaban la lengua como una forma de protección a las nuevas generaciones. Había sido muy fuerte el castigo. Muy violento. Se había aprehendido que ser indígena podía ser peligroso. Ir a los pueblos de al lado a vender mercadería o conseguir trabajo implicaba tratar de ocultar la identidad.

Recién 50 años después de la masacre comenzaron a aparecer los textos con los relatos. Muchos, por suerte. Con muchos abordajes. Con testimonios y documentos. Ya no se puede ocultar la Masacre de Napalpí.

Incluso, se fueron encontrando a través de un profundo trabajo de la Fundación Napalpí, a ancianas y ancianos sobrevivientes. Melitona Enrique, Pedro Valquinta y Rosa Grilo (que aún vive en la Colonia) pudieron contar lo que vieron de niños al ocultarse en el monte. Y sus testimonios pudieron incorporarse al proceso para llevar adelante el Juicio por la Verdad. Un proceso fundamental para sentar precedentes. Igual al que está llevando adelante la Federación Pilagá por la Masacre de Rincón Bomba, en octubre de 1947.

En uno de esos testimonios, Pedro Valquinta, moqoit, cuenta que también sobrevivió a la masacre de El Zapallar, Chaco, en 1933. Sobreviviente a dos masacres estatales en apenas nueve años.

El proceso de memoria sobre la Masacre de Napalpí lleva muchos años y el manto de terror y silencio que se intentó imponer fue horadando de muchas maneras.

En Colonia Aborigen la cacica Mercedes Dominga tiene su monumento en la zona moqoit de la Colonia Aborigen. Y un mural pintado colectivamente en la plaza central muestra el momento en que el avión sobrevoló y disparó sobre la gente. Es la memoria de generaciones.

Desde el Estado provincial, en 2008, se realizó un pedido de perdón por la Masacre de Napalpí y el tema se incluyó en la agenda pública y educativa. Ahora, se está inaugurando un memorial en la zona para recordar a los ex combatientes qom muertos en la Guerra de Malvinas y donde serán ubicadas las urnas con los restos óseos de nueve caciques que el Museo de Ciencias Naturales de La Plata restituyó en 2018. Sus esqueletos fueron exhibidos en sus vitrinas del Museo durante más de cien años, en otra violenta y cruel práctica del Estado y sus instituciones sobre los pueblos originarios de nuestro país.

Aún es un desafío que la Masacre de Napalpí trascienda lo provincial y pueda ser estudiada en escuelas de todo el país. Que el 19 de julio sea una fecha que no sólo tenga significancia en Chaco. Que exceda a investigadores, comunidades, docentes, periodistas y militantes de causas indígenas.

Pero son procesos que todavía, lamentablemente, encuentran fuertes resistencias. ¿Por qué no hay actos nacionales por esta masacre? ¿Por qué no está en las efemérides de todas las escuelas? ¿Por qué los medios masivos de alcance nacional no la recuerdan? ¿Cuánto de esto se explica en que fue una masacre sobre pueblos indígenas?

Las lógicas negacionistas sobre el genocidio indígena en Argentina siguen siendo muy fuertes. Las prácticas y discursos racistas siguen apareciendo y las represiones en los territorios continúan a la orden del día. Para romper esas resistencias es indispensable el ejercicio de la memoria y disputar los sentidos establecidos. Ahí radica la importancia de volver a Napalpí, de volver 96 años atrás. Para encontrar cómo opera la lógica de estigmatización sobre las comunidades indígenas que luego habilita la violencia estatal y cómo eso se sigue repitiendo una y otra vez en el presente.

(*) Sociólogo e investigador de la UBA, integrante de la Red de Investigadorxs en Genocidio y Política Indígena en Argentina. Escribió sobre Napalpí y Reducciones Estatales en los libros colectivos En el país de nomeacuerdo (Universidad Nacional de Río Negro) y en Historia de la Crueldad Argentina (Ediciones El Tugurio).

Fuente: Canal Abierto 

¿Es la pandemia o la cuarentena?

“La sensible caída de la actividad económica e industrial en prácticamente todos los países  del mundo resulta el mejor ejemplo del impacto económico de la pandemia, más allá de las medidas restrictivas impulsadas en cada lugar”, concluye un trabajo de investigación del Centro de Economía Política de Argentina y que se puede descargar desde aquí mismo para leer en su totalidad.

“Las medidas sanitarias impuestas por los gobiernos de los diferentes países han sido muy distintas en duración e intensidad, pero la crisis económica es común a todos”, se señala también en el informe del CEPA.

En este sentido, el reclamo de determinados sectores a las cuarentenas establecidas y el reclamo de “reglas claras” y propuestas económicas para los próximos meses, choca de frente con el efecto negativo de la pandemia tanto en países con mayor apertura como con menor apertura económica. Asimismo, el incremento constante de casos de contagios y el  actual rebrote del COVID-19 en diversos países profundiza la incertidumbre sobre el futuro.

En este documento mostramos la diversidad de medidas de aislamiento aplicadas en países seleccionados.

A 18 años de la Masacre

¿Que representa hoy la figura de Darío Santillán para la militancia popular? ¿Qué proceso histórico colectivo, qué experiencias, vivencias y saberes emancipatorios pueden percibirse en el recorte de esta figura individual? ¿Existen condiciones históricas para una proyección social amplia y efectiva de lo que representa Darío?

por Miguel Mazzeo

De manera instantánea se nos presentan muchos elementos, todos entrelazados: un ethos popular reconstructor de relaciones humanas y vínculos comunitarios; un espacio horizontal que asume la igualdad como punto de partida (“naide más que naide”) y que está abierto a todos los debates y a todas las inquisiciones; un conjunto de prácticas generadoras de auto-estima en los y las de abajo y unos mecanismos productores de auto-respeto comunitario; un espacio simbólico articulador de experiencias de base bien diversas pero no contradictorias; la recuperación por parte de los y la de abajo de las fuerzas de la cooperación expropiadas por el poder dominante (burgués y despótico); una intensidad de los lazos políticos que no cabe en los esquemas teóricos tradicionales; un rechazo radical de los valores burgueses; un desborde de las formas de la estatalizad y una trasgresión de lo instituido; una ruptura con los procesos formadores de no-sujetos: electoralizados, carecientes, demandantes; un momento radiante y efímero de restitución de la imaginación política radical; un desafío lanzado al núcleo mismo de la dominación del capital.

Pensamos que la voz de Darío jamás ha dejado de trasmitirnos un mensaje principal que resuena en nuestros oídos más o menos así: “si se trata de rebelarse contra la injusticia, de llevar a la práctica una utopía emancipadora, de construir colectivamente una patria/matria para los y las de abajo, cuenten conmigo. Para administrar el orden de cosas existente, para recomponer desde arriba el vínculo entre el pueblo y el Estado burgués, llamen a otros y a otras”.

Darío es el signo de una subjetividad política marcada a fuego por la rebelión popular de diciembre 2001. Un representante genuino del atisbo de una breve subjetividad revolucionaria en la desolada Argentina de la post Dictadura. La expresión de un momento de la historia preñado de posibilidades para los y las de abajo, de un instante fugaz de amor colectivo. El emblema de la politización del hambre y no de su moralización. Darío es, al mismo tiempo, chispa y pradera. El símbolo de un impasse.

Se podrá argumentar que muchos de estos sentidos remiten a aspectos micro-políticos y subjetivos, a la región de los afectos. Es cierto. Pero estamos convencidos de que en esos aspectos se dirimen las posibilidades de un proyecto radical y se juega la posibilidad de que lo colectivo se torne político. Esos aspectos son fundamentales en los procesos de politización popular. Darío también remite a un intento (fallido hasta ahora) de anclar y fundar una macro-política popular en estos aspectos micro-políticos del universo plebeyo, para que lo colectivo-político pueda trascender lo fragmentario, para proyectar y generalizar lo interno.

Consideramos que la pregunta estratégica que Darío nos dejó instalada es la siguiente: ¿Cómo hacer para que los afectos, los vínculos intersubjetivos y las praxis anticipatorias de la sociedad nueva y buena que anidan en cooperativas, huertas, comedores, merenderos, talleres, centros culturales, experiencias de comunicación alternativa, asambleas, piquetes, movilizaciones, etc., se constituyan en soporte de un proyecto político popular? ¿Cómo contribuir a la producción de una relación dialéctica entre praxis y proyecto? Todavía no hemos rozado la respuesta.

Si bien muchos de los sentidos que vinculamos con la figura de Darío aún habitan en los subsuelos y en los pliegues de la conciencia de un par de generaciones de militantes jóvenes, con desazón debemos asumir que hoy se hallan insertos en embutidos indescifrables. Han perdido terreno frente a otros sentidos y otros lazos. Otras intensidades, otros universos simbólicos, otras interacciones, atraviesan a las organizaciones populares. No estamos seguros de su productividad.

Muchas de las predisposiciones militantes actuales tienden a ser pragmáticas, centristas, “realistas”; tienden a calzarse el uniforme de representantes o benefactores de las masas. Nos topamos con militancias que suceden en los marcos de las lenguas oficiales. Hablan clisés. Prefieren disputar las instituciones en lugar de sustituirlas. En ocasiones, estas militancias se afincan en estadios corporativos y nutren la complacencia perezosa de las dirigencias que difieren el porvenir, frenando deliberada o inconscientemente los procesos de maduración política del pueblo. O, en sus peores versiones, instituyen un “vandorismo para pobres”. Por ahí, sospechamos, no supura ni arde la herencia de Darío.

Ya, con una mínima distancia temporal de por medio, podemos ver como el “extractivismo” operó sobre el cuerpo social de diversos modos. No sólo desde lo material, también se ensañó con algunas ideas y algunos afectos. Este vaciamiento produjo en una franja importante del activismo social y político popular un desinterés cada vez mayor por lo micro-político y lo subjetivo y, paralelamente, promovió la fetichización de la macro-política y la gestión estatal, lo que creó condiciones para la articulación de lo antagónico, para la integración subordinada de lo popular en el marco de proyectos ajenos. De a poco, muchos espacios que alguna vez funcionaron como usinas para una nueva radicalidad política, terminaron dispersos y/o subsumidos en una nueva liviandad política.

Para muchas organizaciones populares se fueron tornando menos improbables (y menos descabellados) los escenarios de vecindad con los responsables políticos del asesinato de Darío. De ningún modo estamos planteando que se trata de un efecto deseado, simplemente conjeturamos que determinadas dinámicas pueden conducir a esas inmediaciones. Sólo identificamos un riesgo derivado de una vocación de poder que se mueve en marcos estrechos y convencionales. Una vocación de poder sin horizonte emancipatorio que convierte a las identidades, a las ideologías y a los proyectos populares en rasgos accesorios de una flexibilidad infinita.

Por su parte, los espacios donde los sentidos que unimos a la figura Darío se mantienen más productivos, tienden a escindir lo micro-político de lo macro-político, la experiencia de base del proyecto general. Por lo general, la riqueza de la experiencia micro-política no se condice con el carácter menesteroso de las opciones macro-políticas, la capacidad de invención social no se condice con la monotonía de las instituciones convencionales. Seguimos fallando en la construcción de un proyecto a la altura de las mejores construcciones de base, las más autónomas, democráticas, anticapitalistas, antipatriarcales; las que mejor prefiguran el futuro socialista. Existe el riesgo de diluir esos sentidos en las participaciones –absolutamente necesarias– en los espacios resistentes más extensos, pero también existe la posibilidad de que estos sentidos calen hondo en estos espacios.

Tal vez en el “extractivismo” arriba mencionado radique la auténtica “pesada herencia” del progresismo argentino: en las “amplias masas” que serializó, en la productividad social y política que despotenció y en el poder que le restituyó a los burócratas, a los punteros y a todos los agentes del “neoliberalismo desde abajo”; en su reemplazo de los espacios y dispositivos de experimentación política, social y cultural que se habían desarrollado espontánea y democráticamente en la sociedad civil popular por otros espacios y dispositivos típicamente estatales, mercantiles y verticales. Una forma de vaciamiento peculiar que abrió las puertas para otros vaciamientos en todas las esferas. Mientras tomó iniciativas valiosas en el nivel macro-político y hasta permitió el desarrollo de algunas lógicas estatales reparadoras, el progresismo argentino mutiló palabras claves que habían nacido para cuestionar a fondo el statu quo, silenció las voces más autónomas y disruptivas.

Por eso es una tarea imprescindible repensar el legado de Darío, los sentidos de una figura como la de Darío. Repensarlos para encontrar las formas más adecuadas de administrarlos en circunstancias históricas en que rigen tiempos políticamente uniformadores y no tiempos de impasse, unas formas que re-actualicen ese legado y esos sentidos pero que al mismo tiempo conserven sus núcleos innegociables. También para liberar a Darío de los ejercicios retóricos y estéticos, de las significaciones superficiales y oportunistas. Para delimitar la parte más auténtica de esa herencia. La parte que es memoria que trabaja para la cohesión popular y prolongada. La que es lenguaje fraternal y religante. La parte la más disruptiva. La más nuestra. La parte que espera para ser re-activada, no para acompañar los proyectos “alternativos” de la gobernabilidad capitalista en la Argentina sino para impugnarlos de raíz.

Historias de vida

“Su partida así, sin siquiera velatorio, me atormenta”: dos académicos del Conicet y su padre Oscar.

Mónica Farías es doctora en Geografía y becaria posdoctoral del Conicet, pero aquello que más enorgullecía a su padre, Oscar, era que participara en una olla popular en San Telmo: “Fue conmigo un par de veces y creo que eso, en algún punto, lo conmovía y le daba más admiración que cualquier título o reconocimiento académico que yo pudiera tener”, dice a Télam la docente de la UBA cuando recuerda a su papá, fallecido por coronavirus el 27 de abril en el hospital Piñero.

Papá siempre fue una persona de costumbres sencillas”, sigue el doctor en Historia Ruy Farías, investigador del Conicet, docente en la Unsam y también hijo de Oscar. “No le interesaba el fútbol. En teoría era de Boca, pero yo creo que si era por vernos contentos a nosotros (fervientes anti-bosteros) le daba exactamente igual si perdía. Nunca lo vi amargarse por un partido”, agrega.

Ruy recuerda que Oscar disfrutaba de las carreras de Fórmula 1: “Creo que una de sus más grandes decepciones deportivas fue aquella vez en que Reutemann perdió el campeonato contra Nelson Piquet en la última carrera. Quizás por eso ese día la pizza que hizo le salió terriblemente mal, ni la gata pudo hincarle un diente”, comparte con gracia.

Dicen sus hijos que Oscar cocinaba muy bien y que sus asados, así como los guisos o la carne “a la portuguesa”, siguen siendo los mejores. Además, disfrutaba mucho de ver películas y contarlas una y otra vez; de la lectura y de la música: “Una vez, fuimos a ver a Joan Manuel Serrat a la cancha de Atlanta, donde me emocioné hasta las lágrimas cuando el Nano cantó “Esos locos bajitos” mientras yo abrazaba a mi viejo”, dice Ruy.

Al igual que su hermano, Mónica se formó en la UBA e hizo su doctorado en los Estados Unidos, para volver en 2017 a la Argentina y sumarse al Conicet: “Hace muchos años que repito una clase que empecé a dar en los Estados Unidos en la que explico desde una perspectiva feminista el neoliberalismo en América Latina. Y para eso, usaba la historia de mi viejo”, dice ahora la especialista en Geografía.

Papá tuvo una vida que nos cuenta mucho del país. Hijo de un padre que no lo reconoció, hijo de una madre inmigrante del interior que tuvo que negarlo para poder conservar su trabajo con cama adentro, pasó una larga temporada en un internado en Maschwitz durante el primer peronismo –años que recordaba con mucho cariño porque “no faltaba nada ni hacía frío” y porque la educación era buena–. Estudió en una escuela técnica de Capital, trabajó en numerosos talleres metalúrgicos”, escribió en Facebook el día posterior a la muerte de su padre.

Fue obrero calificado en los años 60 y 70, taxista en los 80, desempleado y buscavidas en los 90 y, por un breve período de tiempo, metalúrgico otra vez en el 2004 o 2005, cuando algunos tallercitos de barrio volvían a abrir”, completó la académica en la red social.

Con esa historia, yo podía hacer un relato del neoliberalismo y de cómo impacta en la vida de una nena, que era yo, cuando el padre pierde el laburo o cuando los viejos se separan y te agarra la hiperinflación en un hogar monoparental”, retoma Mónica, que ahora es docente en el Departamento de Geografía de la UBA.

Además de expresar la historia reciente del país, Oscar Antonio Farías sabía luchar contra el deterioro del cuerpo: venía ganándole a un cáncer y había recuperado mucho de su capacidad pulmonar, luego de una neumonía y un efisema pulmonar. El coronavirus lo encontró en una residencia para adultos mayores en la que vivía.

El viernes 17 de abril me informaron que mi papá tenía fiebre. Fui al hospital y seguí yendo durante los diez días que estuvo internado. Un par de veces, hablé con médicos hasta que una doctora amorosísima se comprometió a llamarme ante cualquier cambio”, retoma Mónica.

Esa médica hizo, finalmente, el llamado que todos temían. Lo cuenta Mónica: “Cuando papá empeoró, me dijo que no le iban a poner respirador. Y tengo que destacar que realmente siento muchísimo respeto y admiración por esos médicos, y por esa profesional en particular, porque cuando me puse a llorar desconsoladamente, ella lloraba conmigo. Me imagino que deben haber pasado y deben seguir pasando momentos muy difíciles”, dice.

El dolor de Mónica y Ruy, dos académicos, los hijos de Oscar, sigue ahí. Pero aceptaron compartir los recuerdos de su padre con Télam: “Siento que tuvo poca visibilidad en vida y su partida así, sin siquiera un velatorio, me atormenta. Esto es como hacerlo más visible, como darle la despedida que no tuvo”, cierra ella.

Qué leer en cuarentena

Material liberado de distintas editoriales, compilados del ministerio de educación de la ciudad de Buenos Aires, biblioteca digital mundial de la UNESCO, museos virtuales y cultura on line. Todo para proseguir con la cuarentena.

En la página de Clásicos digitales: https://www.buenosaires.gob.ar/educacion-e-innovacion/plan-de-lectura/clasicos-digitales del ministerio de educación porteño, se pueden descargar desde las Obras Completas de Alfonsina Storni; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll hasta Electra, de Sófocles.

En Arquetipo Educativo se pueden encontrar en forma gratuita, entre otros autores, los clásicos de Jorge Luis Borges: https://arquetipoeducativo.blogspot.com/search/label/Jorge%20Luis%20Borges

Los libros de Paenza: En la página web del departamento de matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires están disponibles todos los libros de divulgación que publicó Adrián Paenza: http://cms.dm.uba.ar/material/paenza

El grupo Planeta, en https://keepreadingencasa.planetadelibros.com/ , puso a disposición de los lectores diez libros completos de autores populares como María Dueñas ( El tiempo entre costuras), Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento), Stieg Larsson ( Los hombres que no amaban a las mujeres), Dan Brown (El código Da Vinci ) y C.S. Lewis ( Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario). Todos se pueden descargar gratis hasta el 31 de marzo o leer sin costo en las las plataformas de libros electrónicos como Kindle.

Lo mismo hizo Casa del Libro en https://www.casadellibro.com/libros-ebooks-gratis/184

Y para los que quieran profundizar la lectura de autores hispanos de todos los tiempos, recomendamos la http://www.cervantesvirtual.com/

UNESCO liberó su Biblioteca Digital Mundial para que familias acompañen la cuarentena: https://www.wdl.org/es/

Museos Virtuales y Cultura Online

En https://artsandculture.google.com/ se concentran las obras de un total de más de 1700 museos, galerías e instituciones de 80 países, por lo que es la máxima base de datos artísticos virtual de la actualidad.

Fundación Proa: http://proa.org/esp/ pone a disposición sus audioguías: https://soundcloud.com/proa-audioguias/sets , que permiten recuperar la teoría de las muestras que albergaron en los últimos años y a través de su canal de youtube: https://www.youtube.com/user/proawebtv no solo se puede recorrerlas, sino también presenciar los cientos de presentaciones y debates que se realizaron en torno a ellas.

El Bellas Artes: https://www.youtube.com/channel/UCkHdRwK3fQp01YEUCla-8PA y el MACBA: https://www.youtube.com/watch?v=QnBAG2Sef2Q&fbclid=IwAR2pSIkdLaYqt9kwPoG502UM8O1L3W6w8qEI3Xuy_J47zRPfEKUBzWw_dfI&app=desktop , por nombrar algunos, refuerzan esta tendencia con su propio canal, mientras que el Moderno (MAMBA – https://www.youtube.com/user/modernodebuenosaires?fbclid=IwAR3B9qg8cD0uAimTqxyzg8InjIIynspDljp2jxNb4dytJqujpz0znR0hCDY ) presenta entrevistas con artistas y curadores, montajes de exposiciones presentes y pasadas.

A %d blogueros les gusta esto: