Nasha Natasha: ¿por qué Natalia Oreiro causó una revolución en Rusia?

Nasha Natasha: ¿por qué Natalia Oreiro causó una revolución en Rusia?

Dirigido por Martín Sastre y transmitido por Netflix, el documental revela por qué la actriz y cantante uruguaya es una de las personas más queridas al otro lado del planeta. A través de las telenovelas, la artista irrumpió en la vida de miles de jóvenes que la convirtieron en una diva soviética. 

Por Carolina Micale

Nasha Natasha era, hasta hace poco, un nombre desconocido. Paradójicamente, nuestro país resuena al otro lado del mundo bajo ese nombre. Ni el tango, ni el asado, ni Messi, ni Maradona. Cuando alguien habla de Argentina en Rusia, habla de Nasha Natasha.

Y es que así se conoce a Natalia Oreiro en el territorio más extenso y con las temperaturas más bajas del mundo. Un país que conocemos muy bien por su historia bajo el nombre de la Unión Soviética, pero que a su vez nos queda muy lejano, entre la distancia y la cultura.

Parece una excepción, entonces, que una artista nacida en Uruguay, que viajó a Buenos Aires para dedicarse a la actuación, hoy sea adorada en ese lado del mapa como una Madonna “argentina”. Tanto que, además, cuenta con un documento que la bautiza como siberiana. Si en nuestro país es una artista muy querida, en Rusia es un ícono de la música, del arte y de la representación femenina.

Nasha Natasha, el documental dirigido por Martín Sastre (el mismo director de Miss Tacuarembó), se estrenará este 6 de agosto por Netflix y vino a responder algunas dudas sobre un fenómeno que trasciende la cultura y, para algunos, la razón. A bordo del tren transiberiano, Sastre retrata el camino blanco y helado que recorre Oreiro entre ciudad y ciudad, para ser recibida por miles de personas en cada oportunidad, entre carteles, regalos y matrioshkas con su cara.

En paralelo a ese tren, el largometraje retrocede en el tiempo, a la historia de Natalia en Montevideo, y se detiene para escuchar los testimonios de familiares, amigas y compañeros de trabajo. También de Ricardo Mollo –su marido, y cantante de Divididos– y de Facundo Arana, su compañero de Muñeca Brava, una novela que marcó un antes y después en la carrera de Oreiro, y la convirtió en Nasha Natasha.

El film recuerda a una Natalia adolescente, que fue seleccionada para participar de una publicidad de tampones en donde un grupo de varones la miraba pasar. El concepto principal era que, teniendo esos tampones, nadie se iba a dar cuenta de que una chica estaba menstruando al mirarle la cola. En esa época también parecía una buena idea no hablar explícitamente del periodo menstrual y, de paso, sexualizar a una adolescente. En el documental, mencionan cómo esta publicidad causó, además, que le hicieran bullying en el colegio. Sin embargo, a pesar de ese comienzo –que si pasara en la actualidad debería ser repudiado–, tiempo después, llegó a ser en una “Paquita de Xuxa” y su carrera seguió creciendo.

Al llegar a la Argentina en busca de su sueño, la chica del Río de la Plata comenzó a ganar popularidad en base a su talento, su trabajo y ese no sé qué que tienen algunas –pocas– personas. Algo que tuvo Lolita Torres, con un carisma que traspasó La edad del amor y la convirtió en otro ícono de Rusia durante la década del 60. Las nietas de quienes admiraron a Lolita, años después, crecieron con Natalia y la hicieron su ídola.

Pero las preguntas siguen dando vueltas. Queda pendiente algo que explique cómo logró ser más conocida que Messi durante el último mundial. Algo que revele por qué decenas de rusos cantan y bailan las canciones de Gilda mientras ella se las enseña –como también les enseñó a hablar español, mediante sus novelas y canciones como “Tu veneno”, “Me muero de amor”, “Cambio dolor” y “Que digan lo que quieran”–.

La respuesta, aunque parece simple, es parte de algo un poco más complejo: se trata de ser parte de la vida de alguien, en el lugar y momento indicado. Y de representar a la mujer que miles de chicas rusas –y seguramente varios chiques– quisieron ser en aquel entonces.

Cuando Natalia protagonizó Muñeca Brava a finales de los 90, aparecía como una mujer fuerte que, a pesar de interpretar a la típica chica pobre que se enamora de un hombre rico, rompía con los esquemas de cómo debía comportarse una mujer. En el documental, algunas de sus fans señalan cómo esa telenovela iba en contra de la representación habitual que encontraban en el melodrama: mujeres débiles, sufridas, sumisas. Con el personaje de Natalia, esas adolescentes se toparon –dentro de una sociedad que, aún hoy, sigue siendo conservadora, machista, y homofóbica, bajo las políticas de Vladímir Putin– con una chica “rebelde”, que alzaba la voz, y que usaba vestidos pero también se ponía una gorra roja, un par de shorts y salía a jugar al fútbol. 

En ese entonces, la crisis económica que azotaba al país hizo que muchos adultos salieran a trabajar sin descanso. En las casas, toda una generación se crió con algunas –limitadas– telenovelas que se podían pasar por la TV, todas más o menos iguales, excepto por la historia de “La Cholito”, una chica que vino a interpelar la vida de esas jóvenes que buscaban una referente.

Nasha Natasha es el resumen de un fenómeno en sí mismo. El documental se centra en su crecimiento personal y contiene momentos emotivos de su actual familia, de su infancia y su camino. Pero la parte más atractiva de esta historia se encuentra cuando logramos entender cómo una artista latina, a través de la cultura popular, logró conquistar países como Polonia, República Checa, Rumania, Filipinas, Israel, Tahití, Grecia e Italia. Y se instaló en Rusia como una mujer que vino a mostrar lo que una chica podía hacer –y ser–, casualmente, por estar parada en la otra punta del planeta. 

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

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