Mauricio Kartun: “Un buen poema es aquel que, al leerlo, impulsa a escribir otro”

Mauricio Kartun: “Un buen poema es aquel que, al leerlo, impulsa a escribir otro”

Mauricio Kartún es un dramaturgo y director de teatro que ha recibido numerosos premios en su extensa carrera. Algunas de sus obras son: El niño argentino, Chau Misterix, El partener, La casita de los viejos, Sacco y Vanzetti, La Madonnita, Ala de criados, Salomé de chacra y Terrenal. Ejerció hasta 1984 la Dirección del Taller de Dramaturgia de Trelew ( y hasta 1986 la Cátedra de Dramaturgia de la Escuela Teatro de la Ribera. En 1987 se estrenó su obra Pericones en el Teatro General San Martín y al año siguiente lo fue El partener en el Teatro Lorange, de Buenos Aires. Este mismo año dirige el Taller de Dramaturgia de Paraná . Entre 1991 y 2003 fue Profesor Asociado de la Cátedra Práctica Integrada II – Creación Colectiva de la Escuela Superior de Teatro de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y hasta 2001 tuvo a su cargo la Supervisión del Departamento de Dramaturgia de la Escuela de Arte Dramático (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

Por Silvina Gianibelli

Mauricio Kartun es dramaturgo y director teatral, formador de formadores de la dramaturgia nacional. Sus multiplicaciones sobre la búsqueda estética es algo que siempre comparte en las redes con sus seguidores, reflexiona junto a AGENCIA PACO URONDO sobre cine en tiempos de pandemia, desde su morada en la costa atlántica.

AGENCIA PACO URONDO: ¿El cine funciona como disparador de tus creaciones dramatúrgicas?

Mauricio Kartun: A veces. La casita de los viejos salió de una imagen de Annie Hall, de Allen, por ejemplo. Otras veces es la literatura. Y en la plástica incluso encuentro cada tanto disparadores. Tengo un proyecto en desarrollo desde hace años, detonado por La Fuente de la Juventud,  el cuadro de Lucas Cranach, el Viejo. Dicen que un buen poema es aquel que, al leerlo, impulsa a escribir otro. Yo creo que el asunto aplica a todas las artes.

APU: Algo así decía Favio, me gustaría saber de tu admiración por él…

M.K.: Un artista superior. Aun en sus películas menos logradas encuentro secuencias extraordinarias. Hay en Soñar, soñar un largo traveling por los puestos del Parque Retiro, con una orquesta criolla que canta en inglés por fonética, a la que podría pasar días viéndola en sin fin. Tiene una identidad tan personal y a la vez tan comunitaria. Juega en espiral con la estética de aquellos radioteatros que vivió de familia cuando era pibe en Mendoza y los remonta a los códigos de lo contemporáneo. Un iluminado.

APU: Tus relatos sobre las madrugadas en el Mercado Central pintan personajes del cine neorrealista. ¿Qué película de ese movimiento te impactó y pudiste generar empatía?

M.K.: Vuelvo a mirar cada tanto el final de Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, y lloro con una alegría que ni te cuento. No sé si La Strada, de Fellini, califica en la corriente, pero esa sería otra.

APU: Durante este tiempo de cuarentena compartís muchas películas (y tus puntos de vista sobre ellas) con tus seguidores que lo reciben como mucha amorosidad, ¿cómo vivís esa experiencia?

M.K.: Más que recomendaciones lo que hago es un intercambio implícito. Es tan grande la oferta online y hay tanta hojarasca que siempre hacen falta referencias para no frustrarse. A cada recomendación que posteo en alguna red social me la responden con otras diez. Y esos posteos los lee otra gente. Se arma un boca a boca productivo. Por eso tomo la iniciativa cada vez que encuentro algo que me gusta.

APU: ¿Cuál es la película actual que merece toda tu admiración?

M.K.: No tengo un título cúspide. Tengo, en cambio, algunos directores que sigo y generalmente no me fallan. Los hermanos Coen, Tarantino. Allen incluso, que por ahí mete un par de bajones, pero siempre termina reivindicándose.

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