Maternidad Feminista

Maternidad Feminista

Mamá desobediente (Ediciones Godot) “es un grito a rebelarnos contra los ideales de maternidad que nos imponen, un ideal a caballo entre la madre abnegada de toda la vida y la supermami. Unos ideales inasumibles, generadores de malestar y culpa. Un grito a rescatar la maternidad de la lógica patriarcal y productivista, a reivindicarla sin idealizaciones en clave de derechos, derecho a poder decidir sobre mi embarazo, parto, lactancia, a entender la maternidad desde una perspectiva política y colectiva” dice la periodista, socióloga y escritora española Esther Vivas en el libro que esta presentando.

 “La maternidad no solo viene atravesada por desigualdades de género sino también de clase”.

Entrevistada por a agencia de noticias Paco Urondo, Esther Vivas hace un repaso de su obra.

APU: Hacés una historización de este desencuentro e identificás como un momento clave en Europa la ola feminista de los años 60/70’, que fue muy liberadora para la mujer en muchos aspectos, pero complejo para pensar la maternidad, ¿por qué?

EV: Las feministas de la segunda ola, en los años 60 y 70, se opusieron y acabaron con la maternidad como destino único para las mujeres. Gracias a ellas, las mujeres de hoy tenemos acceso a métodos anticonceptivos, a poder decidir si somos madres o no. Sin embargo, en este rebelarse se cayó en un cierto discurso antimaternal y antireproductivo. Se identificó la maternidad únicamente con la maternidad patriarcal, obviando que la maternidad libremente elegida es una experiencia central y satisfactoria, aunque llena de contradicciones, para muchas mujeres. Adrienne Rich fue de las pocas feministas de la época que se atrevió a pensar la maternidad más allá del ideal hegemónico impuesto. Lo podemos leer en su libro “Nacemos de mujer”, escrito en 1976.

APU: ¿Qué se propone desde los nuevos feminismos que incluyen a la maternidad en su agenda?

EV: Se propone dar valor y visibilidad a la experiencia materna, un valor y una visibilidad que le han sido negados. ¿Qué harían las sociedades humanas sin mujeres que gestasen, pariesen y amamantasen? ¿Qué pasaría si quien lo pudiese hacer fuesen los hombres? Tal vez entonces la maternidad no sería, como históricamente ha sido, fuente de opresión, sino de relevancia social. La sociedad, la economía, el mercado de trabajo no están pensados para acoger la maternidad y la crianza. Las licencias maternales tan cortas que tenemos, incompatibles con la lactancia materna en exclusiva durante los seis primeros meses de vida del bebé, son buena prueba de ello. Y reivindicar estos derechos no quita la importancia de desfeminizar la crianza y repartir equitativamente el trabajo de cuidados entre madres y padres. 

También se proponen sacar la maternidad real del armario y acabar con todos aquellos silencios que rodean la experiencia materna, como los problemas de infertilidad, el dolor tras una pérdida gestacional, la depresión posparto. Hablar de estos procesos nos permitirá vivir la maternidad con menos culpa y sentirnos más acompañadas. 

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