Ese miedo perverso y cínico que se devuelve desde tu gobierno con las armas apuntada al pecho de los que tienen las manos apretadas de injusticias.

Ese miedo perverso y cínico que se devuelve desde tu gobierno con las armas apuntada al pecho de los que tienen las manos apretadas de injusticias.

Miedo, pero no aquel de la luz apagada de la infancia. Otro miedo. Más perverso, más cínico. Miedo al otro. Al que no podes reconocer como un igual. Al que aunque bajes la altura de la tarima seguís mirando desde arriba. Miedo a las manos callosas, a la piel curtida, a los olores del trabajo. Miedo a las miradas inquisidoras o suplicantes de los que desde hace un par de años no hacen más que perder derechos. Miedo a ver los carteles que pintan la realidad negada: la desaparición de Santiago Maldonado, el vaciamiento de FANAZUL.
Miedo al pueblo. Ese que queda lejos y no solo por el vallado. Queda lejos por tus políticas que privilegian capitales y olvidan al hombre.
En esa Perón desierta -que ironía que caminaras por una avenida que lleva el nombre del más recordado de los presidentes-, solo habitada esa mañana por uniformes, quedó en evidencia tu miedo.
Ese miedo perverso y cínico que se devuelve desde tu gobierno con las armas apuntada al pecho de los que tienen las manos apretadas de injusticias.
Los mapuches desterrados del Sur, los maestros en el Congreso, las mujeres del Encuentro Nacional, los jubilados, los trabajadores de Cresta Roja, Mascardi, Pepsico, Atucha, AGR Clarín, Adidas, los pibes de la murga de 1-11-14, los azucareros de Ledesma…. Y más… cada día más.
Ese miedo burgués de los señores gordos que enflaquecen la tierra con sus mares de soja y sus Barrick Gold.
El mismo miedo que encarcela a Milagro Sala, negrita atrevida, que osó levantar su mirada para enseñar a sus coyas que ellos también tienen el derecho de vivir mejor.
El miedo a que vos te des cuenta. Que descubras su debilidad. Que te sientas ciudadano y votes a conciencia y no confundido por el canto de sirena de TN y Clarín.
Esa Perón desierta. Habitada solo por uniformes, nos mostró el verdadero miedo de Macri. Lo que verdaderamente lo desvela: Su miedo a caer del pedestal del poder.
Si eso sucediera, sus mandantes, el puñado de poderos para los que gobierna, le bajarán el pulgar, y su fin estará cerca.