En la actualidad el INTA enfrenta un ajuste presupuestario que pone en riesgo su continuidad.

En la actualidad el INTA enfrenta un ajuste presupuestario que pone en riesgo su continuidad.

Por Julián Domínguez

El desarrollo del sector agroalimentario en la Argentina es uno de los factores indispensables para el crecimiento sostenido de nuestra economía. El agregado de valor en origen, a través de la inversión en ciencia y tecnología destinada a la producción, debe ser el motor para convertirnos en la góndola de un mundo que reclama manufacturas y alimentos. Nuestros productores y nuestro empresariado nacional esperan oportunidades de desarrollo y de negocios, necesitan herramientas que les abran nuevas posibilidades en todo el mundo.

Desde la Siembra Directa como sistema innovador para implantar el cultivo de una sola pasada sin remover los residuos del cultivo anterior, que no sólo permite ahorro de tiempo sino también de combustible, y que permite un mayor cuidado del medio ambiente; hasta el desarrollo de maquinaria agrícola de vanguardia, elogiada por todos los referentes mundiales del sector; le permitieron a nuestro país ponerse en los primeros lugares de producción de alimentos a nivel mundial.

En todo ese desarrollo y crecimiento, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria – en adelante INTA – fue el epicentro de asistencia técnica y científica para nuestros productores y nuestros empresarios. Con el Estado como proveedor de conocimiento y de innovación, Argentina buscó dar el salto cualitativo de productor de materia prima, para ser un productor de alimento con valor agregado.

En la actualidad el INTA enfrenta un ajuste presupuestario que pone en riesgo su continuidad. Hasta 2015 su staff de trabajadores alcanzaba los 7.750, de los cuales una importante proporción eran profesionales. En la actualidad, el ministerio de Modernización determinó que “sobraban” 750 trabajadores en el organismo, aunque luego de una batalla encabezada por los gremios se lograrán conservar los puestos de trabajo. Sin embargo el gobierno nacional no abandona su política de ajuste y apunta al vaciamiento de los programas (solo un 14% del presupuesto asignado estaría destinado a la ejecución de los mismos), lo que al corto plazo provocará la parálisis del organismo y una posible “fuga de cerebros”.

En este Siglo XXI, el mundo va a demandar alimentos, y Argentina tiene que prepararse tecnológica y científicamente para ser uno de los principales proveedores de esos alimentos. El continente asiático concentra el 57 % de la población mundial, con un fuerte ascenso social, lo que significa que cada vez más habitantes de esos países mejoran su calidad de vida y por lo tanto, su alimentación. Es Asia, quizás, el continente que puede ofrecer en el presente y el futuro las mejores oportunidades de negocio para nuestro país.

¿Podemos entonces descuidar, como Estado, a nuestro principal proveedor de desarrollo?. Por supuesto que no. El INTA no sólo está compuesto por profesionales que conocen el potencial productivo de cada rincón del país, sino que también contiene a aquellos que conocen las necesidades alimenticias del mundo. Es el INTA el organismo que más confianza genera en los productores y en los empresarios que buscan todo el tiempo una nueva oportunidad de negocios para su producción.

Una política agroindustrial seria y de largo plazo es necesaria para volver al rumbo correcto. La incorporación de energías renovables, biotecnología y mano de obra especializada destinada al sector agrario, debe ser la punta de lanza para volver a ubicar al país en un eslabón fundamental de la cadena alimenticia mundial. El sector cooperativo debe alcanzar el 51 por ciento de participación en el mercado exterior, para revertir el actual proceso en el que solo 7 multinacionales acaparan el 64 por ciento de las exportaciones de nuestro país. Y para que nuestras cooperativas estén un paso delante de quienes históricamente concentraron el mercado, debe ser Estado, a través del INTA, su principal sostén de desarrollo.

Creemos que hay futuro. Para eso debemos pensar un plan estratégico en el que el Estado nacional tome las riendas de la inversión tecnológica, junto con un proceso cooperativo de largo plazo que vuelva a poner el foco en la defensa de los productores nacionales. El gobierno de Macri no lo hace y no lo hará, lo que nos impulsa a trabajar todos los días para transformarnos en una opción seria y responsable, capaz de abrir oportunidades nuevas para nuestros productores y nuestros empresarios.

*El autor fue Ministro de Agricultura de la Nación entre los años 2009 y 2011.