Mario del pueblo

Queda imborrable en los recuerdos de la niñez aquel día. Globos celestes y blancos buscando el cielo. El tren apenas avanzando rumbo al descanso del andén. La trompa de la vieja locomotora, adornada con banderas argentinas. La música de la banda mezclada con los pitidos de la vaporera y los campanazos del jefe de estación. La multitud colmandolo todo. Desde Centenario (hoy Cáneva) hasta las vías mismas, desde Roca a Mitre, todos queriéndolo ver. Un pueblo orgulloso de aquel peón de ferrocarril que regresaba victorioso a su casa.

De tanto en tanto visitabamos “Marateo Bichos”. Mi madre decía “hay que ir a comprar mijo o alpiste”, aunque sospecho que en realidad la atraía la amena charla de Teresita y Mario. Una charla sin apuros, espontánea y pura.

Un poco más adelante, ya en la adolescencia, me sumé al CITAC (Centro Internacional de Trabajo, Amistad y Ciencia), que Mario dirigía junto a Ernesto Gorgoglione. Desde ese lugar ayudó a que muchos jóvenes nos vinculáramos y aprendiéramos a querer y respetar el medio ambiente.

Trabajar desde muy joven en los medios me permitió luego conocerlo con mayor profundidad y aprender de su sabiduría de hombre simple de pueblo. Pudiendo haberse mareado con las luces, la fama y una lluvia de propuestas para multiplicar aquel millón de pesos, eligió hacer una casita para sus viejos “y otra para Teresita y para mí. Sabes la alegría de la vieja y del viejo cuando se fueron a vivir a la casa propia, ellos que siempre habían alquilado”, me diría alguna vez en un reportaje.

En los años de TV2 siempre había motivos para entrevistar a Mario. En su casa o en la estación rememorando sus años de peón ferroviario y hasta en el arroyo “La Corina”, reconociendo aves.

Recuerdo horas irrepetibles, cargadas de anécdotas, grabando “Crónicas de Nuestra Gente”, el programa que supimos hacer con Raúl Álvarez y Damián Dileo; en un especial de Ana Turón sobre Carlos Gardel; o en “Desde el Hombre”, charlando mano a mano con Ismael Santarcángelo, entre milongas y poesías.

Una vez con Oscar “Popo” Berrios Pérez, “nos tocó hacer logística” para que Mario aceptara ir a almorzar con Mirta Legrand. No recuerdo si era la cuarta o quinta vez que lo invitaban. Le dijo que no a la producción y llamaron a TV2 para ver si lo convencíamos. Al final accedió ir solo para difundir su amado Azul.

A poco de andar FM DEL PUEBLO, algún año cercano al 2000, Félix Campodónico, trae la propuesta de un programa. Los conductores serían Mario Miguel Marateo y él mismo.

Así nació “En familia y sin RE.FU.PO”. Programa semanal que nos acompañaría por más de 10 años en la emisora que supimos crear con Juan “Cacho” Etcheverri. RE.FU.PO fue una invención de Mario. En el programa no se hablaría de las cosas que dividen a la familia: religión, fútbol y política.

A poco de andar Campodónico no pudo seguir y en su lugar se incorporó Teresita. Cada sábado por la mañana el teléfono no paraba de sonar, mientras en la mesa del estudio se instalaba el mate, la infaltable torta de manzana de Tere (mi preferida), las galletitas, el azúcar, el prolijo mantel.

Desde el control el desafío de los operadores era “dejar en puerta la cassette”. Es que Mario siempre trabajó con cassette en tiempos en que ya la computadora facilitaba el trabajo en la radio. Airosos pasaron los operadores Melisa Forastieri, Valeria Cuccaro, Luis Martínez, Fabián Russo y Fabián Valdez.

La escalera que había que subir para acceder al estudio fue un obstáculo para Teresita y Mario en los últimos años de “En Familia”. Fue entonces que comenzaron a grabar el programa “con la chanchita”, en su casa, en el cuarto de paredes tapizadas de cassettes con canciones coleccionadas por Mario. Fabián Valdez traía cada sábado el cassette y emitía el programa grabado artesanalmente.

Durante los diferentes ciclos del programa se vivieron momentos especiales. Mario y Tere fueron distinguidos con el premio CADUCEO por los contadores de la provincia y en una oportunidad “Cacho” Fontana compartió el programa en los estudios de Del Pueblo.

Un azuleño que había sido amigo de Marateo durante la infancia, ahora integrante del directorio de Laboratorios Monserrat y Eclair, quería reencontrarse con Mario. El laboratorio había contratado a «Cacho» Fontana para la publicidad institucional de sus medicamentos. En conjunto con el amigo de la infancia y con el apoyo de la municipalidad (estaba como Intendente Omar Duclós) preparamos la sorpresa y un sábado “Cacho” entró a la radio para compartir un muy especial “En Familia” con el “hombre de los pájaros”.

Después ambos fueron recibidos en la Municipalidad y Claudio Molina le entregó una placa a Fontana.

Quedan en el recuerdo también los cumpleaños de Mario y Teresita y tantas anécdotas como sábados compartidos en la radio, pero por sobre los recuerdos queda la enseñanza. Mario Miguel Marateo pregonó con el ejemplo. En la sociedad del desvalor, del individualismo y la acumulación, de la fama y el poder como metas, Mario, con su vida, muestra otro camino. El del valor de las cosas simples, del orgullo de pertenecer como peón ferroviario a la clase obrera, de la palabra y la amistad como valores supremos y del amor como entrega absoluta que superando a la muerte lo eterniza junto a su amada Teresita.

Por Miguel Di Spalatro. Director Del Pueblo Medios.


 «De pájaros y almas», letra de Ismael Santarcángelo, Música de Juan Carlos Maddío. 

Del pueblo Digital

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