«Que se vayan todos»

Ariel MagirenaPor Ariel Magirena*

En 2001, frente a la crisis política y económica mas grave de nuestra historia (eclosión del modelo neoliberal que comenzó con la dictadura que destruyó la capacidad productiva argentina, que continuó con la destrucción del Estado durante el alfonsinato, que profundizó el menemato, eliminando todo indicio de soberanía, y que alcanzó su cúspide en la Alianza radical-frepasista autora del ajuste social mas feroz) la salida del infierno llegó de la mano del ÚNICO partido político que quedaba en pié (aun en su expresión mas odiosa y desacreditada por la corporación de medios).
«Que se vayan todos» fue el telegrama de despido y la amenaza sobre el gobierno de transición. Sin el Justicialismo, que garantizó el sistema republicano, la Argentina tenia como destinos visibles la disgregación social y la guerra civil.
Con excepción del justicialismo, los partidos tradicionales de nuestro país se dividieron en sellos con marketing y sin propuesta política. Del «partido centenario» nacido para enfrentar al régimen, sólo quedó una oficina cerrada y sin portero. El pueblo se aferró aluvionalmente a las alternativas justicialistas en 2003, sin garantías pero con bronca.
Apenas poco mas de una década después el imperialismo y sus esbirros locales consiguieron remediar el error de 2001 envenenando al peronismo de un liberalprogresismo de discurso posibilista que llegaría como aliado desde las entrañas mismas del fenecido y putrefacto proyecto frepasista que llevó al desastre que abrió el milenio con el sueño infantil del «capitalismo serio» y la grosería de la imposible «convertibilidad sin corrupción».

Los días que corren nos enfrentan con el mismo enemigo histórico atacando desde el extranjero con sus dispositivos locales.
Los días que corren nos enfrentan con el mismo enemigo histórico atacando desde el extranjero con sus dispositivos locales.

Todos los demás intentos e infiltraciones del pasado habían sido impotentes, pese a las diferencias intestinas, ya que siempre la voluntad mayoritaria de unidad entorpecía sus planes. Por eso el previo del siguiente intento de domesticar al peronismo tuvo que ser un genocidio que consiguiera que el PJ llegara a elecciones en 1983 con sus cuadros muertos, desaparecidos, presos o en el exilio (o sea: con los candidatos que la dictadura quiso por descarte calificado).
El desastre Radical de los albores de la reinstitucionalización formal, con su costo social y nacional, resucitó la capacidad electoral del peronismo al que ya habían desangelado en las cárceles y las mesas de tortura. (como en la novela 1984 de Orwel en la que el héroe reconoce emocionado como realidad aquello que no es mientras lo torturan antes de matarlo).
2015 encuentra al frente popular (expresado en el FPV conducido por el PJ) en debates superficiales y dispuesto a sacrificar con argumentos ingenuos la posibilidad de un gobierno de continuidad que temían que pusiera en riesgo la comodidad de quienes se habían instalado en la política como garantía del privilegio social y económico que les había regalado la experiencia sugestiva de nacionalismo popular en modo «light» que estaba terminando su 2do período, después de que Nestor Kirchner apagara el incendio y encausara la república.
Los días que corren nos enfrentan con el mismo enemigo histórico atacando desde el extranjero con sus dispositivos locales. Sus fuerzas ocultas son las mismas que unieron en 1999 para llegar al gobierno: siempre tuvieron objetivos y uniformes distintos (como los marines de ocupación y los mercenarios) pero el mismo fin. Asi la UCR vuelve a dar su personería nacional a la lista electoral del proyecto oligárquico que hoy nos gobierna, en tanto que el liberalprogresismo, siempre gorila, se ocupa de infectar el frente popular para romperlo desde adentro con el poder mediático de personajes fáciles de identificar, llamativamente indultados y protegidos por años por la prensa y los «intelectuales de izquierda» después de prometer y cumplir con ajuste, represión y muerte la proclama electoral de «un peso = un dolar».
Lo que no quieren reconocer los que se aprovechan de los privilegios de la política es que la renovación reclamada por el Pueblo en 2001 redundó en un cambio de nombres que reprodujo y sofisticó, con «tips» modernos y discurso teñidos de «sentido común», el modelo prebendario y corrupto que apenas cuenta con ejemplos de honestidad y convicción en casos fenoménicos e individuales.
Todos vimos la película, pero no todos la entendieron y algunos te la explican según su conveniencia.faltando el respeto a nuestros muertos.
En cada momento urgente de nuestra historia lo ÚNICO que nos salvó fue la unidad. Quien se piense pueblo pero descrea de ésto o no está dispuesto al desafío puede no sumarse… pero si, además, se ocupa de abonar la victoria del frente oligárquico-imperialista militando contra los que deben estar en el frente de salvación de la Patria poniendo como fundamentos sus antipatías personales (fundadas o infundadas) deberá saber que no existe argumento que lo salve de la repulsa que merece por su acción miserable.

«Quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo es un traidor» (JDP),

* Ariel Magirena, periodista.

Del pueblo Digital

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