El estado de la educación universitaria en Argentina, mientras el sistema se expande y gana en calidad, afronta problemas de deserción y de correspondencia con el mercado de trabajo

Aquellos más afectados son los que vienen de familias trabajadoras en las que no hay antecedentes de estudio. “Es una de las grandes deudas que tiene la democracia, no haber podido modificar sustancialmente la educación en estos niveles de manera de adecuarla a las demandas y características sociales y culturales de estos sectores”.
Aquellos más afectados son los que vienen de familias trabajadoras en las que no hay
antecedentes de estudio. “Es una de las grandes deudas que tiene la democracia, no haber podido
modificar sustancialmente la educación en estos niveles de manera de adecuarla a las demandas
y características sociales y culturales de estos sectores”.

Buenos Aires, marzo de 2017 – Actualmente, la población de quienes cursan estudios universitarios se estima en 1.800.000, un 25 % más que en la década pasada. De esa masa de estudiantes, la mayoría – el 80 % – se vuelca a las instituciones públicas. Según datos del 2012, existen 117 universidades: 56 son de gestión estatal y 59 de gestión privada.

Pero aunque el sistema se expande, encuentra serios problemas en la permanencia de los alumnos y en la inserción laboral de los graduados, como expresaron especialistas reunidos en un evento organizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y la Universidad de Palermo (UP). El encuentro, realizado en la sede Rectorado Centro de la UNTREF, se dio en el marco de la presentación del Informe Mapa de la Educación Superior Universitaria en Argentina, un estudio encargado a un grupo de 30 investigadores de esas universidades por el Programa de Internacionalización de la Educación Superior y Cooperación Internacional (PIESCI), perteneciente a la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.

El informe Como explicó Marina Larrea, coordinadora del PIESCI, el informe fue pedido por el Área de Educación del MERCOSUR, y de las siete propuestas presentadas, el proyecto ganador fue el que elaboraron la UNTREF, la UNGS y la UP, “tanto por las credenciales académicas de los participantes como por lo ambicioso de la propuesta”.

La representante del ministerio dijo además que todos los países miembros están elaborando sus informes, y que la idea es generar un estudio comparado en la región que permita acompañar la toma de decisiones. “Es un paso importante para afianzar la integración universitaria. En esa línea se están impulsando propuestas como el reconocimiento automático de los títulos, que pueda dar lugar a la libre circulación de profesionales y a un mercado ampliado en todo el subcontinente”, señaló.

Coincidiendo con Larrea, el rector de la UNTREF, Aníbal Y. Jozami, dijo que desde esa universidad siempre se promovió la internacionalización. “Recientemente hemos planteado una red de universidades compuesta por instituciones de Asia, América y Europa que tienen una activa participación en el mundo de la cultura”, indicó

El estudio fue planteado en varios ejes: marco regulatorio, ingreso, organización y gobierno, sistema de evaluación de la calidad, profesión académica, internacionalización, presupuesto, extensión y población estudiantil, docente e instituciones. “Desde hace muchos años que no se hace algo así. Pudimos sistematizar una gran cantidad de información desde el 2004 al 2013, y creo que es un insumo fundamental para los investigadores y para quienes se dedican a la gestión”, explicó Cristian Pérez Centeno, coordinador del Área de Posgrados de la UNTREF y del informe.

A su vez, Ricardo Popovsky, rector de la UP, aseguró que es imprescindible contar este tipo de datos. “Muchas veces cuando se toman decisiones no aparece un elemento central, que es la confrontación con lo que pasa en el entorno de los colegas”, agregó.

Su par en la UNGS, Gabriela Diker, dijo que históricamente las universidades generaron propuestas de formación sobre la base de un conjunto muy complejo de demandas, y que la nueva información siempre es bien recibida. “Muchas veces creamos esas propuestas contra las demandas de la época o del modelo económico imperante. Nuestra universidad nace en 1993, en pleno proceso de desindustrialización del país y a instancias de un instituto de industria, pensando más en el largo plazo”, graficó.

El debate Otra de las novedades fue que se convocó a unos 50 especialistas de todo el país para discutir sobre los resultados preliminares del informe y sugerir cambios o correcciones.

Para Norberto Fernández Lamarra, director del proyecto y del Área de Posgrados de la UNTREF, la deserción es uno de los problemas más graves. “El sistema educativo es un sistema de vallas sucesivas”, comentó. Si bien desde hace 30 años la educación secundaria se amplió a sectores sociales de mayor complejidad, los índices de abandono rondan actualmente entre el 50 y el 60 %. “Los que terminan pueden ingresar sin mayores problemas a una universidad nacional. Pero nuevamente, encontramos casi el mismo porcentaje de deserción que en la escuela media. La desigualdad social se da en la permanencia”, ilustró el experto. Aquellos más afectados son los que vienen de familias trabajadoras en las que no hay antecedentes de estudio. “Es una de las grandes deudas que tiene la democracia, no haber podido modificar sustancialmente la educación en estos niveles de manera de adecuarla a las demandas y características sociales y culturales de estos sectores”, agregó.

Mientras tanto, los cursos de ingreso buscan proporcionar una serie de herramientas para que estos estudiantes puedan tener un mejor desenvolvimiento. Como constató Adriana Chiroleu, de la UNGS, las modalidades son muy amplias y difieren incluso al interior de una misma universidad de acuerdo a la carrera. Por ejemplo, Augusto Pérez Lindo, de la Universidad de Buenos Aires, aseguró que muchos de los que cursan el Ciclo Básico Común (CBC) tienen dificultades para leer y escribir. “Nosotros constatamos que en promedio, el repertorio de palabras que tiene un ingresante es de 350, y los talleres de lectoescritura se proponen llegar a las 500. Esto se ve incluso en los niveles de posgrado, razón por la cual muchos no redactan su tesis. Creo que la falta de competencias lingüísticas es un problema serio”, afirmó.

Otro tanto se habló de la cobertura geográfica, un tema que estudio Beatriz Ramírez, de la UNGS. En su opinión, por más que entre el 2000 y el 2015 se hayan creado 38 nuevas universidades, lo que se da es una superposición de la oferta formativa. “La mayoría de las universidades se encuentran en las regiones metropolitana y bonaerense, y lo que debería hacerse es ampliar el sistema al interior de las provincias”, expresó.

También se abordó la adecuación de la currícula a las necesidades del mercado de trabajo. “El mayor empleador de graduados universitarios es el sector público. Hay muchos abogados que trabajan para el Estado, pero especializados en resolver los problemas del Estado hay solo un 5 %”, indicó Pérez Lindo. Y agregó que la universidad debe ser un “agente de producción, desarrollo y movilidad social”. Otros manifestaron que el ingreso a la universidad no sólo está motorizado por la expectativa de encontrar un trabajo, sino también por la idea de incorporarse al conocimiento. Sobre los estudios de posgrado, también se discutió la dificultad de inserción de los doctores.

“En el 2014 hubo mil doctores que decían ‘no tenemos futuro, no tenemos trabajo’. Algo tenemos que hacer para prever el empleo de esta gente, porque el sistema de investigación no los puede absorber. Ahí tienen que intervenir las universidades, abrirse para incorporarlos a sus cuadros de profesores”, ejemplificó Pérez Lindo. “Tampoco se los demanda desde el sector productivo”, acotó Osvaldo Barsky, de la Universidad Abierta Interamericana, que hizo referencia a un estudio suyo en el que indagó el perfil de recursos humanos solicitados por las empresas. “Demandaban especialistas y magisters, pero doctores muy pocos. El problema que tenemos con toda esa plétora de doctores es que no hay una correspondencia con las demandas efectivas del país”, continuó.

Al mismo tiempo, todos acordaron que las instituciones universitarias en Argentina, tanto públicas como privadas, gozan de cierto prestigio gracias al papel de la Comisión de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) “Es una red de contención que es muy valorada al interior de la comunidad. Gracias a ella se pudo crecer con calidad y permitió que no proliferen instituciones de las que nadie puede dar cuenta”, remarcó Cristian Pérez Centeno.

Del pueblo Digital

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